SEXUALIDAD
miércoles, 04 de marzo de 2015

Seguramente que si dijésemos que la sexualidad es la manera de entender y vivir el sexo, estaríamos dando una buena definición. Los diccionarios ponen el acento en la realidad sexual: Conjunto de condiciones anatómicas y fisiológicas que caracterizan a cada sexo; o conjunto de fenómenos sexuales, o ligados al sexo; o bien apetito sexual. Silencian (seguramente porque choca con una línea ideológica en pleno auge) que la anatomía condiciona no sólo la fisiología (el comportamiento químico-mecánico) sino también unos determinados cuadros de conducta. El que tan acertadamente llamamos "instinto maternal", por poner sólo un ejemplo, no es en absoluto ajeno a la estructura anatómico-fisiológica de las hembras, sino que es consecuencia de ésta. En términos específicamente humanos diríamos que la anatomía y la fisiología femenina dan lugar a un psiquismo femenino (con unos mínimos comunes en todas las especies del mismo rango); y que la anatomía y la fisiología masculina dan lugar a unos cuadros de conducta masculinos, también con unos comunes denominadores en todas las especies de igual rango.

Vamos al léxico. Con el sexo pasa lo mismo que con el control. Son palabras de muy reciente introducción en el lenguaje y que de repente lo inundan todo; por eso es razonable preguntarse si antes de ponerse en circulación no interesaba el sexo o no había ningún tipo de control. La respuesta es obvia. Del sexo se ha hablado siempre, pero con otro nombre. Lo realmente nuevo es la sexualidad, convertida gracias a Freud en la clave de muchas cosas, y si uno se deja llevar por él, en el gozne alrededor del cual gira toda nuestra vida. De hecho se le puede seguir la pista a la palabra sexo hasta 1440. Sus derivados no aparecen hasta finales del siglo XVIII. Antes de la irrupción del sexo como gran materia científica, no se decía "hablar de sexo", que no es lo mismo que "hablar del sexo", (¡sutilezas de la lengua!), sino "hablar de mujeres". Su complementario es "hablar de hombres"; pero curiosamente desde el propio latín "hablar de sexo" es "hablar de mujeres". Parece, en efecto, que sexus es de la familia de tekoV (tékos), derivado de tiktw (tíkto), que significa parir, por lo que además de significar "sexo", se usaba para denominar específicamente el sexo femenino y también como colectivo de mujer, es decir sexus = las mujeres. En efecto, a la hora de formar el adjetivo sexualis, sexuale nunca le dieron los romanos el significado de "sexual", sino el de "propio del sexo femenino", "femenino".

Lo que en cambio sí es nuevo como tema es la sexualidad. Esta palabra se creó ex novo hace apenas dos siglos. Lo que realmente recoge este término no es tanto la configuración anatómica y fisiológica del sexo, sino el comportamiento sexual, que está sometido a una severa revisión cuyo eje es la total desvinculación de las conductas sexuales de cualquier valoración ética en cuanto puramente sexuales. Lo único que persigue la ley y que condenan los códigos éticos al uso son la corrupción de menores y las conductas que conllevan violencia o engaño. Por lo demás, permisividad absoluta. La sexualidad está cambiando. Y mucho.

Mariano Arnal