ROL
martes, 24 de febrero de 2015
Está claro que todo control, en lo que respecta a la conducta humana, funciona de contra rol. En lo que denominamos control de la natalidad, más todavía. Se trata por encima de todo de cambiar un rol. Mejor dicho, dos: uno fisiológico, y otro vital. Con el control de la natalidad se pretende en primer lugar cambiar el rol natural de la hembra. Se trata, en el caso de la hembra humana, de que apenas ejerza de hembra: que su rol de hembra quede limitado a aquello que nos conviene. Se trata de inhibir unas funciones preseleccionadas. Precisamente la gracia del control está en que se seleccionan las funciones que se quieren inhibir. Y bien, para que esto funcione, hay dos caminos: o dejar en desuso la parte de la anatomía sexual que no interesa, o modificar su funcionamiento en razón de lo que interesa. En el caso de las vacas, vagina no, vientre no, ubres sí, a tope. En el caso de la mujer, vientre no, ubres no, vagina sí, a tope. Y en cada caso se ha empleado a fondo la ciencia para potenciar lo que más provechoso resulta, y dejar atrofiado o en desuso lo que no conviene. Respecto a la potenciación funcional de las ubres de la vaca, se trata de eliminar la copulación, porque es ruinosa para la productividad; mientras que la lactancia la hemos potenciado al máximo, porque es lo que nos conviene potenciar de su ciclo sexual (reproductor). Es el rol que le hemos asignado, y al incidir este rol en su vida sexual, no nos queda más remedio que someterla a riguroso control. Nos consta que la iniciativa no fue de las vacas. En el caso de la mujer, lo que convenía (cui? ¿a quién?) era la potenciación funcional máxima de la vagina, y la inhibición del resto de funciones sexual-reproductoras, para adaptarla al nuevo rol que se le había asignado. Esto imponía un control, un contra rol riguroso, por una parte de la fisiología de la ovulación (se trataba de potenciar al máximo la copulación eliminando al mismo tiempo el riesgo del embarazo). A esto se le llamó "control de la natalidad" y de una manera más positiva, "maternidad responsable". Pero no era ese el rol a cuyo servicio estaba el control. Se trataba en primer lugar de conseguir una mujer mucho más dispuesta a la copulación y más desinhibida durante la misma. Se creía que el temor al embarazo no deseado era la causa más poderosa de su inhibición sexual, junto con los prejuicios culturales (el tiempo se ha cuidado de demostrar que no era así). No consta que la iniciativa para adoptar ese rol específico haya sido suya. Y no es porque no se hayan hecho esfuerzos de todo tipo para que fuese ella la que llevase la iniciativa, en busca del equilibrio con la demanda sexual del hombre; pero no se ha conseguido. Han fracasado uno tras otro todos los esfuerzos realizados para sustituir el débitum coniugale del derecho canónico, por la libre disposición de la mujer al coito sin disminuir la frecuencia que éste imponía, es decir la demandada por el hombre. A pesar de todos los inventos, a pesar de todos los esfuerzos por liberar a la mujer de complejos reales y ficticios, y de la gravísima enfermedad de la frigidez, no ha habido manera de equilibrar el deseo de copulación de la mujer con el del hombre. En segundo lugar el control de la natalidad ha servido al nuevo rol de la mujer en la economía global: era un despilfarro para el sistema renunciar a una mano de obra tan cualificada, cuando la función reproductora podían hacerla mujeres de bajísimo rendimiento económico. Mariano Arnal