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2020

Último momento

La despedida del “Aukin del pueblo mapuche”, se fue el compañero Darío Rodriguez Duch PDF Imprimir E-Mail
domingo, 09 de febrero de 2020
Image “Todos tienen que ayudar, Aukin tiene que irse en su Kawell (caballo) a la tierra espiritual, para que eso pase tenemos que formar un corredor humano enfocado perfectamente al Gulu Mapu, (oeste), porque la vida viene del Puel (este), y se va por el Gulu Mapu (oeste), tenemos que estar juntos para que no se desvíe, y bien alineados para que su kawell corra ligero hacia la tierra espiritual”, con más o menos estas palabras, Marta Ranquehue de la comunidad Ranquehue, acompañada en el uso de mapudungun por Claudio Railef (el gallo para los amigos), nos explicaba a más de 200 huinca lo que debía pasar la mañana de este sábado 8 de Febrero de 2020 en la ladera del Cerro Otto, unas hora antes, casi a la madrugada, habíamos empezado a llegar a esa cita tan importante, despedir a Darío, el compañero que nos marcó a todos por su calidez, su compromiso, su honestidad.

“Aukin quiere decir eco, pero un eco que es defensor” ese es el nombre con que el pueblo mapuche distinguió a Darío desde hace años, cuentan que hace 25 años siendo Darío un muy joven profesor de música en la escuela de Pilcaniyeu, fue invitado a una reunión en la que se charlaba sobre las luchas de los mapuche, desde ese momento se abrazó a esa causa y nunca más se separó. En esos días ya se había recibido de abogado, ¡lo logró a los 21 años!. Pero todavía no tenía la matrícula, después de conseguirla se convertiría quizás en el más importante abogado de derecho indígena de Argentina, su humildad escondía ese logro pero este sábado otros compañeros abogados también de gran trayectoria lo reconocieron en ese lugar. Esa decisión de Darío de acompañar al pueblo Mapuche lo llevó unos años después a ser fundamental en la recuperación territorial de la Comunidad Ranquehue, batalla muy desigual que se pudo ganar entre otras cosas por tu trabajo legal, desigual porque fue contra el Ejército Argentino y en tierras tan ambicionadas como la ladera del Cerro Otto. Por esa patriada enorme Darío pidió a la comunidad ser enterrado en su territorio, contó Marta que se lo pidió tímidamente como no sabiendo si correspondía, así era Darío, humilde con los humildes, soberbio con los soberbios. “Aukin luchaba con nosotros poniéndose al lado nuestro, ni atrás, ni adelante, al lado, por eso lo queríamos y respetábamos tanto” explicó un dirigente mapuche de Bariloche, “estamos cansado de ver gente que se acerca a nosotros pero rápidamente se autoerigen en representantes o líderes de la lucha mapuche, Aukin jamás hizo eso, él se ponía al lado nuestro”, más adelante en la mañana Marta Ranquehue completó “era muy difícil lograr que nos cobrara por su trabajo, él demostraba su compromiso y acompañamiento también en lo económico” un compañero mapuche agregó “lo que si aceptaba en seguida era cuando lo invitábamos a un curanto, ¡cómo comía!” y desató la risa de todos en un momento tan serio.

“Darío se acercaba y te escuchaba, te animaba, te daba energía, siempre tenía tiempo para la charla y el mate cuando otros no lo tenían, y siempre tenía un consejo positivo” relataron más o menos con esas palabras, amigos de todos los tiempos y lugares, abogadas recién llegadas, compañeros de ruta, docentes que compartieron sus inicios con la guitarra, y hasta un compañero de su juventud que después de escuchar los relatos nos dijo “exactamente igual que como ustedes cuentan que era Darío en estos años, era cuando era adolescente” “Darío era tan cuidadoso del otro!, tan prolijo en las relaciones del trabajo de construcción social, que sin ser nosotros abogados se tomaba el trabajo de hacer aprobar cada documento legal que escribía con todos nosotros que no sabíamos nada de leyes, si no lo aprobábamos todos para él no se podía avanzar” contó una referente de una organización ecologista.

También dieron su testimonio compañeras de la Red por la Identidad de las Abuelas de Plaza de Mayo, causa que abrazó con pasión y por la que le debemos legislación, como también ordenanzas sobre pluvalía urbana, preexistencia de los pueblo originarios, las presentaciones para recuperar junto a Magdalena Odarda el libre acceso al Lago Escondido, vecinos de Villa Llanquihue que ayudó a organizar, un abogado de Chile emocionado y dejándonos la idea de que por gente como Darío también son posibles procesos como el que atraviesa el país hermano y que quizás termine en una nueva constitución reconociendo la realidad plurinacional del país,.. donde hubiera una causa justa ahí estaba Darío con su sonrisa, su título de abogado, su cabañita de madera, su auto, su guitarra, su mate, sus ganas interminables, ahí estaba él, Aukin.

Nos dejamos llevar en el ritual por la comunidad en esa mañana que empezó fría y triste, y que al subir Antu desde el Puel y colarse entre los árboles, como se colaron los relatos sobre Aukin en nuestros corazones, fue volviéndose tibia, y menos triste, un poco menos. Caminamos de a dos, primero a un sitio sagrado en el que dimos dos vueltas a los símbolos centrales, cada uno devolvió a la mapu las ofrendas que habíamos llevado, yerba, semillas,… vida, después todos y cada uno regamos esas ofrendas y levantamos nuestra voz hacia Antu. A continuación hubo un tiempo para los relatos sobre Darío, muchas lágrimas y algunas risas, y después la caminata de dos en dos hacia la tierra sagrada en que ya descansaba la madre de Marta Ranquehue que falleció al año pasado, y que era amiga de Darío, a su lado nos dispusimos en dos filas que formaron el corredor de familia, amigos y compañeros para que Darío pudiera hacer su viaje, un compañero mapuche cavó y la compañera de Darío, Eugenia Danegger depositó la urna con sus cenizas y los objetos que cada uno quería dejarle, así como también un cartel lápida de ciprés con su nombre tallado en mapudungun con una leyenda que cuenta que ahí descansa Aukin, que la comunidad lo recibió y lo acompaña. Todos estos momentos fueron acompañados por el sonido del cultrum, la trutruka, la pifilca, pero si uno se dejaba llevar por la fuerza de lo que estaba pasando, si uno se hacía uno con la mapu, quizás también fuera posible escuchar el sonido del galope del kawell de Darío que se iba al Oeste a otro plano de existencia.

Después de escuchar todos los relatos sobre Darío, Eugenia empezó con un hermoso reproche, “me doy cuenta que pude compartir con Darío menos que ustedes, pero también entiendo ahora claramente que todo el amor que el sembró ahora me está volviendo a mí, y por eso estoy muy agradecida con él”.

“¿Saben cuáles fueron las últimas palabras de Darío?”, nos preguntó Eugenia, su compañera que compartió este proceso doloroso de enfermedad, “Sincretismo, sincretismo, así dos veces…lo repitió dos veces,… reconocerse en el otro” cerró el relato con quizás la más importante y más fuerte frase que nos dejó de regalo la vida luminosa de Darío,.. ¡Reconocerse en el otro!.

chau Darío, gracias por tu vida.

Fernando Fernández Herrero

 
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