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martes, 10 de marzo de 2015

Virilitas es la palabra latina de la que procede virilidad. Nos encontramos, por tanto, ante un cultismo. Procede de vir (contrapuesto a homo en cuanto a categoría social; y a femina en cuanto a sexo). El adjetivo derivado de vir es virilis, y el que procede de homo, humanus. Los correspondientes sustantivos son virilitas y humanitas. Es coherente pensar (no todos están de acuerdo) que vir (varón) procede de vis (plural, vires) que significa fuerza, vigor corporal, ímpetu, violencia, fuerzas, tropas, y que se ha usado también para nombrar los genitales. En esa línea está la denominación de miembro viril o simplemente "el miembro" para el órgano de acoplamiento del hombre.

De la raíz homo lo más aproximado a virilidad es la expresión "ser muy hombre" y ya más alejada, la palabra "hombría" acompañada casi siempre del complemento "de bien", como genérico de "hombre bueno". Hay que advertir que el término homosexual no es un compuesto del latín homo (hombre), sino del griego <omoV (homos) que significa igual, semejante, parecido (como en homónimo, homogéneo,homólogo), y por tanto sirve para definir las relaciones sexuales entre dos personas de igual sexo, tanto hombres como mujeres; aunque al contar con un término específico para el femenino (lesbiana, lesbianismo), hemos acabado usando el término homosexual casi en exclusiva para el masculino.

Se suele entender por virilidad la capacidad de un hombre de actuar sexualmente como tal, facultad que acaba centrándose en el "miembro" por antonomasia. Y se suele evaluar ésta en razón de la capacidad del miembro de alcanzar un tamaño respetable al erguirse y de mantenerse largamente así. Un remotísimo sustrato cultural de milenios relaciona el aspecto anatómico con los resultados fisiológicos; de manera que acaba considerándose falto de virilidad al que es incapaz de dejar embarazada a la mujer. Se tiene por menos viril al que sólo engendra hembras (de ahí la obsesión de muchas parejas, ya sólo en el tercer mundo, por tener un varón) y se considera más viril a quien más embarazos hace. Ésta es, donde la cultura no ha conseguido desactivarla, la espoleta que dispara la explosión demográfica. Con un agravante, que mientras se puede, se le carga el mochuelo a la mujer "acusándola" de esterilidad y repudiándola por ello. Son los sucesivos repudios los que acaban delatando al hombre.

En esas culturas el contrario de virilidad es esterilidad (masculina). Por fortuna en los países desarrollados la virilidad no se refiere a la potencia generativa, sino exclusivamente a la potencia copulativa, con lo que queda desvinculada de la reproducción. En nuestra cultura el contrario de virilidad es impotencia, que se refiere a la imposibilidad de la copulación por falta de firmeza del "miembro viril". Todas las culturas han buscado remedio a este mal en los afrodisíacos, de los que me ocuparé el próximo viernes.

Mariano Arnal

 
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