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jueves, 26 de febrero de 2015

Hablamos del relevo generacional como de uno de los problemas más graves con que se enfrentan los estados y los pueblos. Aunque la expresión parezca de lo más inocente, resulta que nos hemos metido de lleno en el léxico y la mentalidad guerrera. Salvo error u omisión, la palabra relevo la hemos tomado del ejército, siendo su significado básico el de cambio de tropas cansadas por otras de refresco.

Por analogía se ha aplicado esta palabra a todas aquellas situaciones en que se sustituyen las personas que en su puesto o función no pueden dar ya todo el rendimiento exigible, por otras de renuevo, que están con todas las energías. Es el caso, por ejemplo, de las carreras de relevos, en que después de cada tramo de la carrera, el corredor es sustituido por otro que le está esperando para recoger el testigo. En el relevo generacional se trata de que las nuevas generaciones vayan sustituyendo sucesivamente a las antiguas de manera que el peso de la lucha por la vida recaiga siempre sobre los brazos más recios. Estamos ante un sustantivo verbal del tipo de salto, canto, trino, etc. formado a partir de la primera persona del presente de indicativo del verbo, en este caso relevar, compuesto por el prefijo re-, que indica repetición, más levar, cuya forma sustantivada es leva. A los efectos que nos interesan, su significado es el de "recluta o enganche de gente al servicio del estado", y su uso específico más generalizado es el de "recluta de soldados al servicio del ejército". Mientras los ejércitos gozaron de prestigio, las levas se producían sin mayor dificultad. Pero en períodos de decadencia, cuando la población estaba convencida de que la defensa era cosa de profesionales, el estado tuvo que recurrir a las redadas de vagos y maleantes para destinarlos forzados al servicio de la marina o del ejército de tierra. Algo así como la Legión, que fundó Millán Astray, dicen, con presidiarios y maleantes. Fue tal el descrédito que llegaron a tener las levas, que a la decretada el 7 de mayo de 1775 se la llamó "leva honrada", para dar a entender que se había producido en ella una notable mejora con respecto a las levas al uso.

Al pasar de la leva al relevo, indicamos mediante el prefijo que se trata de sustituir la leva antigua por la nueva. Y cuando aplicamos este concepto a las generaciones, significamos que la nueva generación sustituye a la anterior. Si nos mantenemos en el valor original de la palabra, ahí está presente el sentido de obligatoriedad de las levas para poder hacer los relevos. Y tan cierto es que el estado se consideraba parte en los nacimientos de varones (no en cambio en los de las niñas), que precisamente para poder hacer la leva de cada año sin que se le escapase ni uno, los censaba nada más nacer, y por ahí medían los reyes su poder. Un rey cuyas levas decrecían año tras año, tenía cantado el fin de su reinado. Las necesidades del estado coincidían bastante con las de la familia mientras ésta fue la institución social básica, unidad de producción y de reproducción. No se podía mantener ésta si se estancaba aquélla. Y tampoco era la solución meter forasteros en la familia. Y ahora resulta que la empresa necesita productores, pero la familia no está dispuesta a reproducirse; así que hay que meter forasteros en el estado, tan problemáticos, mutatis mutandis, como lo son en la familia. Ya no quedan motivos económicos para proveer al relevo, así que el estado o paga por los hijos o apela al patriotismo.

Mariano Arnal

 
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