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MASTURBACIÓN PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 28 de enero de 2015

Si no es cierta la etimología que dan los diccionarios, hay que decir al menos que los ingleses se la creyeron, porque una de las formas como llaman a la masturbación es mastupration. Los diccionarios etimológicos dicen, en efecto, que el verbo masturbor, masturbari, masturbatus sum, deponente y por tanto de traducción reflexiva, está compuesto de manus (mano) y stupro, strupare, (copular de forma deshonesta, deshonrosa o ilícita); su significado, por tanto, sería el de copulación deshonesta hecha con la mano. El cinco contra uno, que se dice tan gráficamente. Parece que fue Marcial el único autor que usó esta palabra en época clásica.

Ingenioso como era, pudo ser hasta su inventor. Lo que destaca en la misma, es que desde su mismo nacimiento nunca ha tenido buen nombre. Asimilar, en efecto, la masturbación al estupro es un poco fuerte. Según el sentido más clásico, estupro es el acceso carnal con soltera de buena fama, mayor de doce años y menor de veintitrés, logrado con abuso o engaño. Por muy metafórica que pretenda ser la inclusión de este término en la palabra masturbación, suena excesiva. Y parece que no es un exceso casual, sino que es debido a un concepto tan negativo respecto al sexo desperdiciado como al sexo forzado o fraudulento. Su sinónimo onanismo, pretendidamente más culto, es buena prueba de ello. Onán, al practicar con su cuñada viuda el coitus interruptus y derramar su semilla en tierra, en lugar de sembrarla en la mujer, lo que hacía era contravenir una disposición legal de carácter hereditario, con la que se evitaba la concentración de los bienes en una de las ramas de la familia por falta de herederos en alguna de las otras. El pecado de Onán no era por tanto de orden sexual, aunque el acto si lo fuese, sino que la transgresión tenía en realidad carácter económico. Y fue el querer alzarse con los bienes de su hermano difunto, rehusando darle un heredero como mandaba la ley, lo que condenó Yahvé y castigó con la muerte.

Y no es sólo en el ámbito religioso donde se condena la masturbación, sino que es mal vista en todas las culturas. En algunas tribus primitivas los antropólogos encontraron que se practicaban rituales de fecundidad que por no constituir una copulación propiamente dicha calificamos de masturbatorios: los hombres de la tribu, cada año, en una gran ceremonia, hacían un pequeño agujero en tierra y copulaban ritualmente con la tierra, depositando en ella su semilla, para inducir su fecundidad. Fuera de éstas y semejantes prácticas rituales, que no podemos calificar de masturbatorias, en todas las culturas se ha considerado que el sexo tenía que estar ordenado para la reproducción, por lo que toda práctica sexual y en concreto todo derramamiento de semen que por su forma no pudiera ser generador de vida, se consideraba una torpeza, una deshonra, una especie de trampa al orden natural de las cosas. Incluso cuando el derramamiento de semen es involuntario tiene un nombre condenatorio: polución, que significa acción de ensuciar o ensuciarse. Pero es que también en la actualidad, en que han caído la mayoría de tabúes sexuales, el recurso a la masturbación se considera un fracaso de la relación. Es lugar común, y podemos verlo hasta en la televisión, que cuando una mujer quiere coaccionar a su pareja, le amenaza diciendo: "ya sabes, o tal o cual cosa, o te tendrás que apañar con el cinco contra uno". Un castigo, una humillación, una derrota.

Mariano Arnal

 
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