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FRIGIDEZ PDF Imprimir E-Mail
martes, 30 de diciembre de 2014

El sexo no es sólo una realidad; es también una ilusión. El sexo no es sólo el que se vive, sino también el que se sueña. Nuestra geografía sexual tiene sus más extensos territorios en las involuciones del cerebro; y cuando el sexo se sublima, sus más espléndidos parajes están en el corazón. El hombre, que es el animal que crece, que siempre quiere ser y tener más y más, también está empeñado en acrecer sus placeres y sus satisfacciones sexuales. Pero no tienen el hombre y la mujer el mismo punto de partida, ni el mismo ritmo y desarrollo de los apetitos. En términos de temperatura, parten de niveles muy distintos: el hombre, de notables y continuas calenturas; la mujer, en cambio, de naturales oscilaciones entre altas y bajas temperaturas. Y tan propias de la mujer son estas oscilaciones, como propia del hombre es la marcha a piñón fijo. ¿Y cómo se salvan estas difrencias? Pues en el cerebro o en el corazón. La mujer lo resuelve a este último nivel. Le echa amor al asunto, y así consigue acercar posiciones. El hombre, en cambio, le ha puesto cerebro, y ha decidido que eso de que el apetito sexual de la mujer no esté al nivel del suyo, es una grave anomalía que hay que corregir, y de momento, para que tome conciencia de su gravedad, le ha puesto un nombre que te deja helado: le ha llamado a esa dolencia frigidez.

Se trata, evidentemente, de un cultismo. En español tenemos el sustantivo frío y el adjetivo frío-fría. De ahí derivamos dos sustantivos: frialdad y frigidez. No son lo mismo, por supuesto. Frialdad es la condición de frío tanto físico como anímico. En cambio recurrimos al término frigidez para designar el frío intenso (no el frío sin más) y para designar la inapetencia sexual de la mujer. Porque aunque sea válido el término para ambos sexos, se usa sólo para uno. Estamos en el campo léxico de los frigoríficos. Si esta elección de nombre fue inocente, ¡menuda inocentada! Lo tomaron del latín frígidus, frígida, frígidum, que tiene los mismos significados que nuestro adjetivo frío-fría. Si se pretendió decir lo mismo con un término más culto, no se consiguió, puesto que precisamente lo que se consigue con los cultismos es añadirle más empaque y trascendencia al valor vulgar. Frígidus viene de frigeo, frigere (le correspondería como supino frígitum), que significa tener frío, estar frío, estar aterido, estar yerto. Tanto este verbo como el sustantivo frigus, frígoris (frío), proceden del griego rigew (rígueo), que significa tener frío, estar frío, ser insensible, estar rígido… Un verbo que tenemos en latín: rígueo, riguere, cuyo significado es el mismo que el del verbo griego: estamos en el campo léxico de la rigidez, del rigor, es decir del máximo frío, del témpano.

Es que las palabras tienen su propio magnetismo y sus propias afinidades; por eso tienen la capacidad de tirar unas de otras hasta configurar el significado que les corresponde. La frigidez va más allá del frío, es bastante más que frialdad. Es que desde la perspectiva del hombre es una enfermedad muy grave, que acarrea grandes sinsabores a quien la padece. Por eso el hombre está empeñado en acabar hasta con sus más leves síntomas. Para evitar que rebrote.

Mariano Arnal

 
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