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COMPAÑERA PDF Imprimir E-Mail
domingo, 23 de noviembre de 2014

"Compañera te doy, que no esclava", nos recuerda el ritual romano del matrimonio incluso después de haber sido abolida totalmente la esclavitud. Los rituales tienen la virtud de retener capturados en ellos, a la manera como el ámbar captura los insectos, formas de vida e intereses y valores que desaparecieron hace ya muchos siglos. Pero el ritual del matrimonio ni es antiquísmo, ni es inamovible como los rituales primordiales (en nuestra cultura, el del sacrificio de la misa y la comunión); y es sintomático que en un ritual de creación relativamente moderna, se tenga que hacer una severa advertencia al hombre contra la esclavización de la mujer: señal evidente de que había que combatir esa tendencia, porque existía y además tenía fuerza. Y nos ofrece también, si no la evidencia, sí una alta probabilidad de que en la cultura en cuyo ritual de matrimonio se hace esa advertencia, la esclavitud, es decir la adquisición de la mujer por conquista, por rapto o ya más civilizadamente por compra, precedió a la fórmula del matrimonio.

Asentada la oposición entre compañera y esclava, no sólo como reliquia histórica, sino también como carácter genético del matrimonio, siempre dispuesto a rebrotar, paso a la exploración del término compañera. En primer lugar hay que advertir de su origen, para entender su valor. Esta palabra no procede del latín clásico, sino del latín vulgar, que la traspasó en herencia al bajo latín. Quiere decir esto que el noble pópulus romanus no sabía de companios, sino de sodales, socios, cómites. Lo de los companios era cosa de la plebs (plebe) en la paz, y de la clase de tropa en la guerra. La compañía implicaba ausencia de dominio y por tanto de posibles condominios. Para abreviar: la igualdad entre hombre y mujer no se cocinó en las domus de los romanos nobles, porque el matrimonium acababa resolviéndose de cualquier modo como una transacción; sino en las tabernas (aprox. barracones) de los esclavos, a cuya unión llamaban los señores contubernio ("matrimonio" entre esclavos que comparten -con- tabernio); ellos entre sí se llamaban en cambio compañeros porque compartían (com) el pan (panis). En efecto, la forma más antigua que conocemos de esta palabra es companium (del bajo latín), que nos dio como primera forma romance compaño y compaña, y más adelante compañía. Los usos de estas palabras delatan claramente su origen: compaña, se usó en el ejército para denominar a la tropa y en la casa para referirse a la servidumbre; compañería se llamó antiguamente al burdel (recordemos, de paso, que la prostitución se instituyó sobre la esclavitud). La igualdad entre el hombre y la mujer nació allí donde eran realmente iguales: en la esclavitud. Y fue a partir de la más desventajosa igualdad, desde la que se pudo emprender la revolución por la igualdad entre el hombre y la mujer. Es oportuno recordar que fue el comunismo el que introdujo en nuestro léxico la denominación de "compañero" y "compañera" en sustitución de los términos burgueses "marido" y "mujer". Mayor acierto tuvo en esta denominación que en la de "proletarios" y "proletariado". Ciertamente no es el origen nada brillante, pero era el único posible para que los resultados fuesen los que son.Desde la "libertad" de los señores nunca hubiéramos llegado a la igualdad.

Mariano Arnal

 
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