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VÍCTIMA 2 PDF Imprimir E-Mail
lunes, 27 de octubre de 2014

Desde el momento en que la víctima es el víctus (el alimento, el pan nuestro de cada día), desde ese momento es necesario que sea culpable. En latín está más claro: ha de ser reo, es decir la cosa (la res) que ocasiona el perjuicio, y por tanto es inevitable que se vaya contra ella. La explicación más eficaz de que alguien esté sometido al papel de víctima es la culpa original, es decir que tiene que ver con el origen de la víctima.

Es la culpa que se transmite de padres a hijos. Una culpa genética. Si el delito está en los padres, es que también hay delito por nacer de quien se ha nacido. Los hijos son culpables por ser hijos de quien son. Son filigranas teológicas, pero es que así es como funcionan las mentes. El individuo o el grupo que para vivir él, necesita sacrificar a otro, no puede andar siempre con conciencia de culpabilidad. Ha de transferir toda la culpa a la víctima (Agnus Dei, qui tollis peccata mundi) para poder ir con la conciencia tranquila. Es la víctima la que carga con el sambenito de ser la causa (es decir la cosa) que provoca que se actúe contra ella. El ejemplo de los tejanos apretados, en un caso; el de la falda demasiado corta, en otro; el de no haber opuesto suficiente resistencia en el de más allá; y así una larga casuística, no son más que los últimos vestigios de una mentalidad (con caracteres de honda convicción) según la cual la culpable de todo abuso sexual era siempre la víctima. Únicamente podía ser exculpada si se comportaba como una María Goretti. A poco que se desviase de esa conducta, era severísimamente condenada por la sociedad y desterrada de la misma (poco acudían las víctimas a los jueces, sabiendo que juzgarían a favor de la corriente). Si hoy se está juzgando de otra forma es porque las que ayer fueron víctimas, se han liberado de su condición de tales. De lo contrario, la culpa seguiría pesando sobre ellas. En el caso de los nacionalismos, está más claro que el agua. Funcionan igualmente por principios teológicos. Todo el que objetivamente menoscaba los derechos de los nacionalistas, es reo de un perjuicio a la nación (es la cosa que daña al nacionalismo) y por tanto es víctima necesaria de la lucha diaria de los nacionalistas para subsistir como tales. No es necesario que hagan nada malo, como tampoco es necesario que haga nada malo el cordero que nos comemos: basta que no sea de nuestra propia casta para que podamos sacrificarla y comérnosla sin ningún escrúpulo. Para ser in-imicus no hacía falta hacer nada malo. Bastaba no ser amicus. Si los pobres romanos hubiesen tenido compasión de sus víctimas, nunca hubieran podido crear el imperio. El no ser de la propia casta, o el no aceptar las condiciones de sometimiento a la casta superior, es suficiente delito como para actuar sin escrúpulos. Allá la víctima, es su problema. Como la mujer que era violada antes de liberarse la mujer de su papel de víctima necesaria. Era su problema. La sociedad vivía satisfecha de sí misma en el confort de su conciencia.

Mariano Arnal

 
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