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CIVILIZACIÓN PDF Imprimir E-Mail
lunes, 21 de julio de 2014

Es la necesidad de comer lo que mueve el mundo. Los criadores de animales para carne saben muy bien que quilos de pienso son quilos de carne y días de vida, dividida en no importa cuántos individuos. Saben que al final la unidad de vida es el pienso. Los pueblos consumidores de productos adelgazantes hemos perdido la perspectiva, y no sabemos ya qué es eso de estar instalados en el hambre.

Digo esto porque tengo la fijación de que si escribiésemos cibilización así, con b, nos acercaríamos un poco más a la verdad de las cosas. Los diccionarios no me franquean el paso de cibus (comida) a civis (ciudadano), y sin embargo creo que son parientes muy próximos, tanto como primos hermanos. La única palabra que me sirve de puentecillo pintoresco, muy poco sólido, es cibilla, que significa mesa para comer. Con o sin puente, intentaré explicar lo razonable que sería que ciudad y comida fueran parientes, de manera que finalmente civilización sería el conjunto de recursos que pone en marcha cada pueblo para poder comer.

Por empezar el latín distingue claramente civitas (de la que hemos derivado ciudad) de urbs (de la que derivamos urbe, urbanidad, urbanismo). Urbs es lo que llamamos ciudad, es decir las calles, las plazas y todos los edificios y demás construcciones que la forman. Y civitas es un nombre que hemos perdido. Lo más parecido es ciudadanía. Con la palabra civitas designaban los romanos al conjunto de ciudadanos que constituían la ciudad. Es decir que la civitas, la ciudad eran los ciudadanos. Los mismos romanos explican que urbs viene de orbis por la forma más o menos redonda de las murallas. Pero de civitas no dicen nada. Con las civitates pasa lo mismo que con las nationes: todos los pueblos en sus orígenes han sido migradores. Por ese motivo ni los territorios ni los poblados o ciudades tenían entidad suficiente como para tener un nombre. Existían los Celtas, pero nunca se ha podido definir "Celtia"; existieron los Galos, pero la Galia no tenía fronteras. Existieron los Iberos, pero Iberia fue un territorio inventado. Ni siquiera sabemos si el Iber fue el Ebro o el Guadalquivir. En resumen, las primeras civitates (en el supuesto de que civis fuese pariente de cibus) serían al mismo tiempo el conjunto de comensales y el comedero (lugar o momento) en que éstos se reunían. Olvidamos demasiado fácilmente que el epicentro de una ciudad era el templo, y que éste era el lugar en que la comida de toda la comunidad revestía la santidad y la solemnidad que le correspondía. No olvidemos que los templos eran los lugares en que se comía, si se trataba de grandes solemnidades, o se iba a recoger la comida para llevársela a casa. Pensemos que la comunión de todo el pueblo que imponía el templo no era sólo de carácter religioso, sino también eminentemente práctica. La carne que se mataba había que consumirla máximo en dos días. No existían ni las carnicerías ni los individuos o los grupúsculos e individuos tal como ahora existen. Hubiese sido imposible el ganado vacuno si no hubiese habido fórmulas comunitarias de consumo. El comer era algo sagrado y se tenía que hacer bajo un severísimo régimen religioso-colectivo. (Continuará)

Mariano Arnal

 
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