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viernes, 02 de mayo de 2014

El atractivo de esta palabra es especialmente de orden filosófico: es extraordinario el principio de la universalidad. Estamos en un mundo de universos de universos de universos... Dos células se juntan para formar entre las dos un ser vivo. He ahí una primera universión, una conversión en uno. Este ser vivo se agrupa con otros para formar un órgano; los órganos, el cuerpo; los individuos se unen para formar el grupo; la unión de todos los grupos forma la especie; ésta, unida a otras, forma un ecosistema; el ecosistema, junto con los demás ecosistemas, se une bajo el nombre de biosfera ; ésta con todos los demás elementos de la tierra que hacen posible la vida, forma la totalidad del planeta Tierra ; ésta con el Sol y con los demás planetas, forma el sistema solar; los soles con sus planetas se unen o los unimos a otras estrellas y formamos con ellas una constelación, y otra, y otra; y todas las constelaciones juntas forman galaxias, y nebulosas, y el universo. Esa es la forma de mirar el mundo que llevó a llamarlo universo.

La visión es extraordinariamente clara. Es difícil una concepción más simple de algo tan complicado. Y también lo es la palabra, cuyo alcance es fácil de captar. Está formada por unus, una, unum, que en latín nunca tiene el valor de artículo indeterminado que nosotros le damos a este adjetivo numeral, sino que tiene tan sólo el valor de uno por oposición a muchos, único; más el adjetivo verbal versus, versa versum, procedente de verto, vértere, verti, versum. El significado original, que luego se amplía por vía metafórica, es el de volver, dar vueltas, girar. Se trata por tanto de un verbo de movimiento, no descriptivo ni estático. Una vertiente no es la parte que mira hacia un lado u otro, sino la que vierte las aguas en esa dirección. Avertere, advertere, invertere, convertere, revertere, subvertere son compuestos que mantienen el significado de orientarse a, girar, remover, darle la vuelta a algo. En la familia de vertere tenemos también vertex, vérticis, que será nuestro vértice, cuyo significado primero es el de torbellino (algo que gira) de agua, de viento, e incluso los de la coronilla. Verticinosus y vertiginosus, que en latín es el que padece vértigo (de vertigino, vertiginare, que es girar, dar vueltas sobre sí mismo). Vertigo, vertíginis, que es el movimiento de rotación, el movimiento circular y por extensión cualquier cambio en que se da la vuelta a la situación: revuelta, revolución; y también vértigo, que es el único significado que hemos conservado.

Está claro, pues, que al elegir nuestros antepasados el nombre de universo para denominar la totalidad de lo que somos capaces de percibir e intuir, quisieron que se trasluciese con claridad la idea de que todas las cosas, desde las más pequeñas a las más grandes tienden a cohesionarse, van dando vueltas para estar siempre en el lugar que les corresponde como parte de la unidad y globalidad de la que forman parte. Que todo, absolutamente todo, se mueve hacia la cohesión, y no hacia la disgregación (en la mayoría de disciplinas, empezando por la astronomía, es evidente). Del universo hemos sacado el concepto de universalidad y también el de universidad. Pero éste será tema de otro artículo.

Mariano Arnal
www.elalmanaque.com

 
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