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SUPERVIVENCIA PDF Imprimir E-Mail
jueves, 24 de abril de 2014

Si bien esta palabra es de origen latino, los romanos apenas la utilizaron. Supervivens es el que sobrevive. En nuestras lenguas se introdujo este término en el siglo XIX. Los romanos usaban para expresar lo mismo, el término superesse, que significa quedar, subsistir, de donde se pasó a sobrar, estar de más. Superstes es el que queda, el que sobrevive.

Una cosa es vivir y otra sobrevivivr. La especie humana se ha diseñado a sí misma como una especie de supervivientes. Vivimos en régimen de supervivencia, debatiéndonos como individuos y como especie entre el ser y no ser. Somos una especie en cuidados intensivos, que si nos retiran los tubos, caemos fulminados toda la especie. Somos, oh maravilla, la especie más débil y más efímera, una especie autótrofa y autárquica, viajando por la vida en una unidad de cuidados intensivos.

Nuestra especie, al igual que las demás especies sometidas a explotación, se caractriza por su evolución vertiginosa. Visto y no visto, comparado con los ritmos de la naturaleza, que emplea 20 millones de años en diseñar y desarrollar una pieza de la dentadura. El resultado es que las obras de la Naturaleza son extraordinariamente estables aunque estén en variadísimo movimiento. Tan estables como todo el sistema estelar. Todos los cuerpos celestes están ahí en caída libre, y qué estables, sin embargo. Cada uno cae hacia donde esté cayendo desde siempre, y la caída vuelve siempre sobre sí misma, como si cada punto luminoso del cielo estuviese clavado ahí de forma inamovible. Todos equilibrándose unos a otros, repartiéndose el espacio. No es necesario que nadie los sostenga en su sitio, ni nadie les ponga orden ni les marque un código. Caer libremente, y orbitar sin pretenderllo siquiera, es la ley más perfecta que se pueda concebir. Y esa es, paradójicamente, la construcción más estable que imaginarse pueda.

Igualmente los seres vivos irracionales (aquí sí que es importante puntualizar) están ahí en caída libre, en libre concurrencia unos con otros, y el equilibrio resultante, es el ecosistema perfecto. Eso es lo que pregona el liberalismo y ése es el planteamiento que se hace el hombre cuando en organización humana (política y economía) se propone imitar a la Naturaleza. Ésa sería la clave de la estabilidad, pero pagando el precio que hay que pagar, el de la muerte.

La clave del superviviente es vivir a toda costa, aunque esté medio muerto, aunque las constantes vitales sean bajísimas, y sobre todo, vivir dependiente, vivir asistido, vivir de un sistema de ayuda mutua en virtud del cual el fuerte ayuda al débil a sobrevivir. La naturaleza sigue ese planteamiento sólo en las crías (invalidez temporal), pero la humanidad se ha apuntado a la invalidez permanente. Es la conditio sine qua non para crear una sólida dependencia.

Mariano Arnal
www.elalmanaque.com

 
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