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sábado, 05 de abril de 2014

Pastor-rebaño es quizá el primer desdoblamiento de la especie humana. En los inicios de nuestra cultura es demasiado persistente la imagen de un hombre apacentando hombres, como para despacharla sin más como una metáfora. Algo más hay. PoimeneV lawn (poiménes laón), pastores de pueblos, llama Homero a los reyes. Es posible que poimhn (poimén) = pastor, proceda de poimnh (póimne)= rebaño; es decir que primero fue el rebaño que el pastor. Si no hubiese habido rebaño, no habría habido pastor. Es posible incluso que el sustantivo poimhn haya derivado del verbo poimainw (poimáino) = apacentar, ser pastor (en pasiva, ser apacentado). Es el rebaño el que hace al pastor, no el pastor al rebaño. ¿A dónde nos lleva esto? A la conclusión de que el hombre estaba organizado ya en rebaños antes de que le sobreviniese un pastor, es decir un dueño-sacrificador-devorador.

Admitamos incluso que el pastor es en origen un producto natural del rebaño, es decir que todo rebaño cría un pastor. No es necesario que el macho-guía-pastor del rebaño decida sin más alimentarse de su propio rebaño. El inicio puede darse en la lucha de dos grupos humanos por los mismos recursos de subsistencia cuando éstos escasean. Dos pastores de carnívoros luchan entre sí con sus respectivos pueblos por un territorio de caza. Es coherente que la lucha se plantee incluso como una operación de caza. Escaseando ésta, es normal que se convierta en pieza apetecible el congénere competidor-enemigo. La coherencia nos lleva, incluso, a dar por sentado que se constituyeron los primeros rebaños humanos con los prisioneros enemigos. Esta práctica está perfectamente documentada en varios pueblos primitivos. Todo es empezar. Una vez que el hombre ha empezado a alimentarse de hombres, ha de continuar haciéndolo, aunque se le agoten los recursos alimentarios de que le provee el enemigo. El pastor-guía se convierte primero en pastor-devorador del rebaño enemigo, y cuando lo ha consumido del todo, traslada su nueva forma de pastoreo a su propio rebaño.

La naturaleza ha creado al macho dominante en todas las especies de herbívoros y en la mayoría de carnívoros. Pero en ninguna especie, fuera de la especie humana, se ha convertido el guía de la manada o del rebaño, en su explotador y dueño. El salto, por tanto, de guía a pastor no se ha producido directamente desde la función de guía; de lo contrario se hubiese repetido el mismo fenómeno en otras especies. Es posible, incluso, que esta transformación sea imposible. ¿Cuál ha podido ser el mecanismo que ha hecho posible que finalmente el que fue diseñado por la naturaleza para mantener el grupo a salvo de depredadores, se convierta en el único y absoluto depredador? Esta transformación no pudo tener nada de natural y pacífico. Tuvo que ser un auténtico cataclismo. Una mutación conductual de la misma envergadura de las grandes mutaciones genéticas. Quizá para entender algo haya que volver a la sospecha que asalta constantemente a los antropólogos: el cazador y el cazado pertenecen a subespecies humanas muy distantes. Es posible que lo mismo ocurriese con el pastor y su rebaño.

Mariano Arnal
www.elalmanaque.com

 
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