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MOLÉCULA PDF Imprimir E-Mail
lunes, 31 de marzo de 2014

Fue allá por el siglo XVIII cuando, definitivamente superada la alquimia, se dio un nuevo impulso al estudio de la estructura de la materia, y se retomó la teoría atómica de Demócrito y Leucipo. Cuanto más eficazmente se investigaba, más evidente se hacía que la materia tenía que estar formada por partículas ínfimas indivisibles.

Pero pronto se tuvo que recurrir a la distinción entre cuerpo simple o elemento, y cuerpo compuesto. La materia era un sistema perfecto de construcción, que partiendo de la estructura más sencilla (el átomo, que resultó no serlo tanto), iba presentando estructuras cada vez más complejas. El paso siguiente al átomo tenía que ser la molécula. Algo tan simple como un montón diminuto de átomos. Era imprescindible para explicar los cuerpos compuestos. Se creó el concepto a partir de la palabra latina moles, que significa volumen, peso o masa grande. En español, conservando ese valor, llamamos mole a cualquier cosa de gran volumen. En la misma familia tenemos demoler, y algo más lejos molestia, molino, molicie, muelle… Al formar el diminutivo en latín, molécula, se combinó en la misma palabra el concepto de voluminoso y su contrario, el de pequeño. Tal como la palabra átomo pretende dar la idea de la máxima simplificación, con la palabra molécula se pretende dar la idea de composición o complejidad (de mole formada por una acumulación de distintos elementos). Y como ocurrió con el átomo, fue una palabra creada para explicar algo que se intuía, pero que no se veía. Por eso, sin cambiar la palabra, fue perfilándose la visión que se tenía de su significado. La de las moléculas fue una teoría (una visión) como la del átomo, que tal como fue avanzando la ciencia, se fue confirmando como un prodigio de clarividencia.

El físico italiano Avogadro (1776-1856) fue quien fijó el concepto de molécula en el valor que tiene actualmente. Estableció que los cuerpos, incluidos los que están formados por un solo elemento, no son una acumulación de átomos sueltos, sino de grupos de átomos, es decir de moléculas. Llegó a esta conclusión estudiando el comportamiento de los gases, que es el estado en que la materia es menos densa, y permite por tanto estudiar su estructura con mayor facilidad. La primera sospecha surgió al comprobar que combinando gases para formar un nuevo compuesto, los volúmenes de aquellos guardaban entre sí una relación sencilla. De ahí se dedujo que los gases, en volúmenes iguales, debían tener el mismo número de moléculas o de átomos. La conclusión de que eran las moléculas y no los átomos los que mantenían un valor constante, cayó por su propio peso. No se trataba, pues, de átomos sueltos, sino de moléculas sueltas. La teoría atómico-molecular de Dalton había dado un gran paso adelante. A partir de ahí se fue cerrando el sistema: una molécula no es una mezcla, sino una composición mucho más sólida, fija y estable: no puede descomponerse en átomos por métodos físicos, sino por procedimientos químicos. Para desmontar una molécula de agua, en la que los dos átomos de hidrógeno y el de oxígeno están unidos químicamente, se necesita una reacción química. La teoría molecular siguió confirmándose como acertada al ser capaz de explicar determinadas propiedades de los cuerpos sólidos como la plasticidad, la rotura, la elasticidad y el agrietamiento. Luego el microscopio acabó de hacer el resto.

Mariano Arnal
www.elalmanaque.com

 
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