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EVOLUCIÓN PDF Imprimir E-Mail
martes, 25 de febrero de 2014

Los diccionarios definen la evolución como "cambio gradual de algo en cierto sentido", y "serie de estados sucesivos en ese cambio". Procede la palabra del latín ex + volvere. Ex lo hemos traducido por "des-". El verbo, que ha dado lugar a nuestro "volver", significa girar, rodar, dar vueltas, hacer rodar, hacer dar vueltas. El compuesto e-volvere parte del supuesto de que una cosa está en-vuelta (es decir que está ya predeterminada su forma) y que se le da vueltas en sentido contrario para des-en-volver, desenrollar o des-a-rollar-la). En latín se usa el verbo evolvere (sust. evolutio) con un sujeto como agente externo de la evolución (=poner a dar vueltas, hacer rodar) cuando va en voz activa; si el propio objeto que evoluciona es el actor de esa evolución, el verbo va en pasiva (es decir que equivale a la voz media griega y ha de ser considerado como deponente). (Por cierto, "volumen" viene también de volvere, porque los primeros libros fueron de "papel continuo" enrollado, y cada rollo era un auténtico "volumen", es decir algo a lo que le habían dado vueltas; desenvolver o desarrollar un tema hace referencia, pues, al rollo en que éste estaba expuesto).

Desde la filosofía se entiende por evolución el desarrollo de todos los fenómenos cósmicos, físicos y mentales, por transformaciones sucesivas de una misma realidad primera, sometida a perpetuo movimiento intrínseco, en virtud del cual pasa de lo simple y homogéneo, a lo compuesto y heterogéneo. La teoría se sostiene razonablemente mientras las fuerzas que mueven la evolución son intrínsecas. Pero en cuanto intervienen fuerzas extrínsecas ya no podemos hablar de evolución. La especie humana inventó la escisión devoradores-devorados, dueños-esclavos, dominadores-dominados, explotadores-explotados para poder ejercer prácticamente desde fuera de sí misma la acción evolutiva. La selección ya no se hace por necesidad o por pasión, sino por interés y ambición. Y con criterios de eficacia. Quien ha de obtener de una especie el mayor rendimiento posible en carne, leche, trabajo, etc. no puede esperar 20 millones de años para fabricar un diente. Necesita apretar el acelerador, interviniendo directamente en las mezclas de genes que den como resultado animales de mayor rendimiento.

En las especies sometidas a explotación, el concepto evolución ha dejado de ser el adecuado, porque ya no se trata de una sucesión de cambios predeterminados (las rationes seminales que diría San Agustín), sino de una intervención externa arbitraria, desordenada y precipitada. Las especies cerdo, vaca, pollo, hombre... estamos fuera del juego de la evolución. La Naturaleza no tiene nada que decir respecto a nosotros. No desarrollamos un proyecto previsible, determinado por el rodar invariable de las leyes naturales; no es ese nuestro determinismo, sino el de la voluntad del explotador. Todas esas especies estamos inexorablemente sometidas a la voluntad y al interés del que en cada momento oficia de "divina providencia" o de alquimista temerario. Una vez admitido el intervencionismo en la fuente de la vida (y esto se nota más hoy porque se ha acelerado, no porque se haya inventado hoy), ya no nos viene de un palmo.

Mariano Arnal
www.elalmanaque.com

 
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