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domingo, 23 de febrero de 2014

EVOLUCIONISMO

Hemos de empezar por el volumen: es una palabra latina con la que se designa cualquier cosa enroscada, enrollada o que da vueltas sobre sí misma: la serpiente, el remolino de agua o el torbellino de viento, el libro (era una hoja continua enrollada), el legajo de documentos, cartas, etc. que se guardaba siempre enrollado. A todo eso se le llamaba volumen.

Es una sustantivación del verbo volvo, volvere, volutum, que significa dar vueltas, hacer dar vueltas, hacer rodar, revolverse; y por referencia exclusiva al volumen (=libro), significa hojear, examinar, estudiar, meditar, reflexionar, considerar. Partiendo de aquí, del libro-volumen, es decir de la forma primitiva del libro, que es el rollo, se forma el verbo e-volvere, que significa desenvolver, desenrollar el volumen. Y de ahí el sustantivo e-volutio (des-envolvimiento; forma vulgar, des-arrollo), que significaba especialmente lectura de un libro, porque coincidían la acción de ir leyendo y desenrollando o desarrollando, tanto el continente como el contenido. Es de observar que los romanos usaban indistintamente los verbos evolvere y legere para referirse a la lectura: librum evolvere era leer un libro; pervolutare (prefijo intensivo y desinencia iterativa) era leer con frecuencia. Con el cambio de formato del libro de rollo a pliego, se pasó de desarrollar (desenrollar) a explicar (desplegar), siguiendo con la tendencia a referirse al continente en vez del contenido. Fieles a esta tradición metafórica, los forjadores del término evolución pensaron en cada ser vivo como un volumen en que está todo escrito desde un principio, y que a medida que se desenrolla o se desarrolla, va apareciendo aquello que ya estaba en el mismo germen. Fue a esta idea, que luego se denominó preformación, a la que primero se asignó el nombre de evolucionismo.

Evolución se opone a involución (evolución regresiva; envolverse o enrollarse en vez de desenvolverse o desenrollarse), y a revolución, en la que el proceso no es lento y continuo, sino brusco y rupturista (el prefijo re en este caso indica aceleración o intensivación del proceso). Está claro, pues, el sentido de la palabra: la visión de la totalidad de los seres vivos, incluido el hombre, como un todo continuo, siendo las formas más complejas, resultado evolutivo de las más simples. El evolucionismo es la teoría opuesta al fixismo, llamado comúnmente creacionismo. Se le llama así porque esa fue la creencia de todo occidente, por el pasaje del Génesis, en que se narra la creación por Dios de las especies animales terrestres por una parte, las acuáticas por otra, las aves por otra, los vegetales también aparte, y finalmente el hombre, totalmente desligado de los demás seres vivos. El enfrentamiento entre el evolucionismo y el creacionismo fue durísimo, hasta que por fin la Iglesia aceptó que la Biblia no era fuente de conocimiento científico (Galileo tuvo que abjurar de su teoría heliocéntrica ante el papa -¡Eppur si muove!). Fue posible este enfrentamiento porque si bien tenían los naturalistas muy clara la idea de la evolución de las especies (era una intuición casi inevitable a partir de la clasificación de Linneo), les costó mucho dar con explicaciones sólidas que se tuvieran en pie. La lucha por la supervivencia, la teoría de que la necesidad crea el órgano, la teoría de las mutaciones... fueron otros tantos caminos que exploraron los evolucionistas; y más tardaron aún en hallar pruebas que confirmaran sus tesis.

Mariano Arnal
www.elalmanaque.com

 
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