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ELEMENTO PDF Imprimir E-Mail
lunes, 17 de febrero de 2014

Es una palabra muy antigua, que pertenece al ámbito del razonamiento, más que al de la realidad. En latín su forma propia es el plural: elementa, -orum. Al parecer los primeros elementos a los que dieron los romanos este nombre fueron las letras del alfabeto, de ahí que se usara elementa como sinónimo de alfabeto (a, b) o abecedario (a, b, c). Por lo mismo se llamó elementos (elementa puerorum) a lo que se enseñaba a los niños al empezar la escuela (al viejo pedagogo que le enseñaba al niño las primeras letras lo llamaban elementarius senex). Cuando hablamos por tanto de escuela o enseñanza elemental, no lo hacemos por analogía, sino con la más estricta propiedad.

Por eso es una lástima que renunciando a su nombre más propio y auténtico, hayamos pasado a llamarla enseñanza primaria, básica, etc. Y fue por analogía con esta elementalidad, como se pasó a llamar elementos a los fundamentos de cualquier disciplina: los principios o rudimentos de las ciencias, las primeras nociones, los primeros estudios. Y profundizando en la línea epistemológica, los filósofos romanos pasaron a asignar la denominación de elementa (el abc) a las raíces, fundamentos, bases, sustancias, principios, esencias, o como quiera que los llamasen, que creyeron a pies juntillas los filósofos griegos que eran los cuatro elementos de que estaba formada la tierra y toda materia, a saber: aire, agua, tierra y fuego. Según interpretaron los romanos, las primeras letras para entender el mundo. Porque para ellos no se trataba tanto de un problema de definición de la realidad, como de aproximación del entendimiento humano a la misma. Pura cuestión epistemológica, no física. No olvidemos que Empédocles, el primero que formuló la teoría de los cuatro elementos, entendió y explicó que al principio existía "lo uno", un ente al que denomina SjairoV (Sfáiros = el Esfero; masculino de Esfera) al que mantenía unido en sí mismo el amor; disgregado por la discordia, se descompuso en los cuatro elementos, a los que el amor combina de las más diversas formas en busca de la unidad perdida. Nada que pueda desembocar en el sistema periódico, claro está. Pero al ir evolucionando toda la filosofía cada vez más hacia el empirismo, pasaron a interpretarse como físicas, especulaciones de carácter metafísico e incluso místico. Los cuatro elementos de Empédoles están a medio camino entre lo material y lo formal. En llegando a Aristóteles, que al comentar a Empédocles denomina a sus cuatro raíces stoiceia (stoijéia) = letras, elementos, principios, tenemos ya pura naturaleza, pura física. Es un esfuerzo semejante al de Pitágoras, que por fin recala en el número (un principio formal) y en su mística.

Si pasamos de los elementos a lo elemental, quizá nos situemos mejor. Tal como los elementos los hemos mitificado al asignarles una historia tan idílica, de esas que empiezan en las nubes y acaban en una realidad solidísima y fecunda, el concepto de elemental (adjetivo) es mucho más modesto. Cuando decimos de algo que es elemental, nos referimos a su simplicidad y sencillez, a su calidad de básico e incluso rudimentario. ¿Son elementales los elementos? Más bien no, son construcciones muy complejas, como complejo es todo el sistema que con ellos se forma. Siguiendo la metáfora del significado primitivo, ¿es el mundo como un libro en cuya composición entran tantas letras como elementos tiene la tabla de Mendeleiev?

Mariano Arnal
www.elalmanaque.com

 
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