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SOJUZGAR PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 04 de diciembre de 2013

Es sorprendente constatar a través del léxico y de la lógica populares, lo mal que entiende el pueblo la justicia, y cómo la siente más como un mecanismo complejo de dominación, cuyo manejo y comprensión no está a su alcance, que como un servicio pensado para defender al bueno del malo, al honesto del tramposo. Al ver que el malo y el tramposo nadan en las turbulencias de la justicia como pez en el agua y la mayoría consiguen salir a flote, mientras que el bueno y honesto se ahoga muy fácilmente en esas aguas, pierde toda su fe en la justicia, al tiempo que al malhechor y al tramposo se les llena la boca proclamando su fe en la justicia.

Es el caso de la palabra sojuzgar, que por capricho de la evolución ha pasado en cuanto al prefijo, a la familia de sobornar, socarrar, socavar, someter, soterrar, en las que se contiene una cierta idea de ilegitimidad y de trampa, asociada a la palabra juzgar, de manera que el conjunto so + juzgar suena como a "juzgar con malas artes", como si fuese normal la vecindad y la coyunda entre las malas artes y el juzgar. Son las malas pasadas de la lengua, que se permite ciertos desacatos.

En la palabra y en la realidad que representa sojuzgar, el prefijo so, efectivamente expresa la idea de "debajo". Es una de las 19 preposiciones clásicas ("cabe" y "so" han desaparecido de las gramáticas actuales por arcaicas), mientras que el elemento juzgar no tiene nada que ver con la justicia; simplemente es una trampa para la etimología fácil. Procede de iugum, con el significado de yugo, patente en el correspondiente término culto subyugar. Así como conyugal (ver web) hace referencia a los dos que comparten el yugo, subyugar significa meter bajo el yugo, someter con violencia, avasallar. La lengua hubiese admitido perfectamente "soyugar" a imagen y semejanza de "conyugal", pero probablemente la voluntad de hipercorrección hizo evolucionar la palabra en esta dirección; pero fue posible encaminarla en ese sentido porque el resultado era verosímil y no repugnaba en absoluto a la percepción de los hablantes.

El ciudadano tiene la percepción, en efecto, de que la justicia está al servicio del dominador para tener sojuzgados a los dominados; y esta sensación crece sobremanera cuando ve el distinto y reverente trato que recibe el poderoso. Cuando ve claramente que delitos que conoce todo el mundo, la justicia es incapaz de juzgarlos porque se lo impide el sistema de garantías procesales que, jugadas a fondo por quien tiene dinero y poder, dan mucho de sí y con ellas cuentan los delincuentes para delinquir. Garantías que, como la de las limitaciones de la prisión preventiva, funcionan de manera escandalosamente distinta para los sojuzgadores y para los sojuzgados. Como se puede constatar frecuentemente, las garantías procesales no andan solas, sino que se necesita quien las ponga en marcha, de manera que a la postre quien más puede, mayores garantías tiene de no ser atropellado por la justicia.

Mariano Arnal
www.elalmanaque.com

 
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