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miércoles, 27 de noviembre de 2013

Sacrum fácere, "hacer sagrado" es el significado original de sacrificar, que aún conservamos en parte, ya que "matar las reses para el consumo" sigue siendo uno de los significados actuales de sacrificar. Es decir que sacrificar es "matar para comer"; lo cual nos permite deducir todavía que "matar para comer" es hacer algo "sagrado", algo "santo".

Recordemos que todo sacrificium es un sacramentum (no en cambio a la inversa pues hay sacramentos que no son sacrificios). Importa saber por tanto qué es eso de sacrum. La palabra original es sacer, emparentada con el verbo sancire, sanctus (relacionado con el dios Sancus), el osco sakrid y el umbro sakra. Significa "relacionado con la divinidad". En cualquier caso, pasar al terreno de lo sagrado es situar las cosas por encima del hombre, algo a lo que éste se ha de doblegar inexorablemente, bajo pena de la venganza divina. Sagrado, sacerdote, sacrilegio, consagrar, son todos términos de la misma familia. Tenemos por tanto que el comer carne, es decir el matar animales para comer es algo sagrado, sometido a rigurosa reglamentación religiosa. Observemos de paso que los sacrificios tienen que ver con la ganadería, no con la caza. No ha lugar al sacrificio de un animal que se caza. El lenguaje no nos permite aplicar los términos de sacrificar y sacrificio a la caza. Es otro momento y otra dimensión. Si sacrificar sólo se puede decir del animal cautivo, es legítimo sospechar que los conceptos de sagrado, sacerdocio, sacramento, consagrar, sacrificar, e incluso el concepto de divinidad propiamente dicha (es decir de dioses-hombres, fuera ya de lo que suele llamarse animismo), está ligado necesariamente a la cautividad de los animales (y del hombre). Y para que la matanza de animales cautivos para alimentarse de ellos la comunidad se convirtiese en algo sagrado, graves, gravísimos problemas tuvo que haber en relación con las condiciones en que se sacrificaban. Pudo ocurrir incluso que fuese tal la barbarie hasta que se regularizó la ganadería, que las víctimas tuviesen un aspecto repugnante. Bien pudo ocurrir que los dioses finalmente se compadecieran de los animales cautivos que eran sacrificados para servir de alimento y exigieran primero que estuvieran en plena integridad física, y luego que presentaran un aspecto sano y decoroso. Y ahí estaría lo más "sagrado", en las condiciones de la víctima. Si esta hipótesis pudiera elevarse a tesis, tendríamos que reconocer que en este aspecto estamos en recesión, que volvemos a las andadas: a tener a los animales de los que nos alimentamos en condiciones de vida indignas; que es necesario volver a sacralizar nuestra relación con los animales que tenemos en cautividad para alimentarnos de ellos. En este contexto tendríamos que situar la decisión de la Unión Europea de intervenir en las condiciones lamentables en que están hoy los pollos en las granjas, y las condiciones en que se transporta a los animales para el "sacrificio" y que afectan no sólo a la estética de nuestro trato con los animales que explotamos, sino también al aspecto sanitario: se le revuelve a uno el estómago al pensar que se tendrá que comer esas ruinas que más parecen carroña viva. Da la impresión de que ha de ser perjudicial para la salud comer eso.

Mariano Arnal
www.elalmanaque.com

 
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