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jueves, 31 de octubre de 2013

Irene la llamaban los griegos (Eirhnh / Eiréne), y le nacieron varios retoños: los eirhnofulakeV (eirenofýlakes), los guardianes de la paz; los eirhnaioi (eirenáioi), los pacíficos (de ahí el nombre de Ireneo); los eirhnodikai (eirenodíkai), los parlamentarios; los eirhnopoioi (eirenopoiói), los conciliadores, los pacificadores, los que hacen la paz. La palabra latina pax no fue tan fecunda. Probablemente porque la máxima aspiración de los griegos era ser libres, y la de los romanos era la de dominar: por eso suena tan dura la palabra pax en boca de un general romano. Probablemente sea "pacifista" la palabra que mejor traduce eirhnopoioV (eirenopoiós).

MAKARIOI OI EIRHNOPOIOI OTI AUTOI KLHRONOMHSOUSIN THN GHN

Makárioi oi eirenopoiói óti autói kleronomésusin ten guén

BIENAVENTURADOS LOS PACÍFICOS, PORQUE ELLOS HEREDARÁN LA TIERRA

Eso es lo que dice el pacifista Jesús en las Bienaventuranzas (Mt. 5, 9-4). El texto original tiene un pequeño error de trasposición que (monseñores tiene la Iglesia) ha sido convenientemente enmendado. De lo que se trata es de heredar la tierra. Para ello lo que se necesita no es ser humildes, como por error dice el Evangelio, sino ser artífices de la paz, hacer la paz. Labrarla con las armas si es preciso. Y si hay que recuperar la tierra, sólo cabe una clase de paz: la del si vis pacem... (si quieres la paz...). Una paz santificada por el Evangelio y por los monseñores. Bienaventurados los que construyen la paz, porque gracias a ella serán dueños de la tierra prometida.

¿Y los guardianes de la paz? Durmieron confiados, arrullados por el dulce ronquido de las parabéllum. Lo podían soportar. Pero en cuanto éstas callaron y vieron cernerse sobre sus cabezas la amenazante sombra de la paz, se sobresaltaron. Los nacionalistas estaban saboreando ya las mieles de la paz por la que tanto habían luchado, y he aquí que a los de la paz adversa, acostumbrados a dormir con ruido, tanto silencio les ha despertado. Se les ha caído la venda de los ojos, han entendido por fin que las parabellum no traían la guerra, sino la paz, que con ellas estaban construyendo la paz de su patria. Y he aquí que son ahora ellos, los grandes amantes de la paz, los que tiemblan de pensar que se les trunque la larga marcha emprendida hacia la reconquista de la patria. No se equivocaron ni un milímetro en el trazado del camino: Si vis pacem, para-bellum. Si quieres la paz, usa la parabellum. Y en eso estaban, en la recogida de los frutos de la para bellum, cuando los enemigos de la paz vuelven al hostigamiento. Les están obligando a volver a otra buena ración de parabéllum para reconducir la paz.

Mariano Arnal
www.elalmanaque.com

 

 

 

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