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miércoles, 09 de octubre de 2013

Judex justus jubenti paret El juez justo obedece al que manda. Con pleno acierto, y sin la menor voluntad de engañar a nadie, la justicia es, se considera y se proclama una instancia más del poder. Es, en efecto, el más depurado, decantado y acrisolado sistema de dominación.

Retrocedamos un paso: justicia deriva de justo, y justo o justa es la persona que conforma su conducta a lo que manda la justicia. (Hemos caído en la tautología, de la que ya no escaparemos). Dejémoslo ahí de momento y retrocedamos otro paso: justo deriva del latín justus, que sería un participio perfecto pasivo de jubere (como ustus de urere; el otro es iussum, por supuesto) que significa mandar; de donde se infiere que es justo el que hace lo que le mandan, es decir la persona obediente. (He de advertir que no es esa la única explicación etimológica.)

Volvemos a estar como en el análisis de la palabra derecho (ver web 1-12). Es un adjetivo de valor pasivo. Conocemos el sujeto paciente, pero ignoramos quién es el sujeto agente, con lo que seguimos a oscuras. ¿A quién obedece el justo? Más importante aún, ¿a quién obedece la justicia?

Iudicare (Juzgar) es ius dicere, decir lo que es justo, lo que está mandado. Ese es el oficio de los júdices. No es, por tanto, el juez el origen de la justicia, no es él el que manda, sino que también él está al servicio de quien manda. Por encima del juez está la juris dictio, la jurisdicción, que corresponde al imperium. Los fueros o jurisdicciones especiales fueron hasta ayer la fórmula para disponer de una vara de medir distinta para cada estamento, puesto que al no ser iguales el noble y el plebeyo, el eclesiástico y el militar, fue preciso que existieran leyes distintas para los distintos niveles de poder. Al declarar las constituciones que todos son iguales ante la ley, a la diferencia de jurisdicción entre los poderosos y los que están bajo el poder, se le ha dado una nueva forma, de apariencia más igualitaria. Ahora el fuero especial de los poderosos se ha transferido a las garantías procesales.

Las garantías procesales son iguales para todos los ciudadanos. Pero como no fluyen por inercia, sino a instancia de parte, si se alían el poder económico más el poder político más el poder mediático para defender a alguien, e invocan en favor de éste todo tipo de garantías procesales, no habrá juez que se atreva a saltarse esas garantías esgrimidas, aunque pudiera y debiera; a no ser que tenga a su favor un contrapoder de las mismas características y quiera medir sus fuerzas.

Así es la justicia, y no puede ser de otra manera, porque al fin y al cabo juez justo es aquel que, según la más que probable etimología arriba presentada, es el que es mandado (en los regímenes absolutos es, además, un mandado.)

Mariano Arnal
www.elalmanaque.com

 
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