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jueves, 03 de octubre de 2013

En esta tercera y última parte de INOCENTE trato del valor coloquial de esta palabra que, siendo la misma, es como si perteneciese a otra especie. Nos estamos dejando robar las palabras por ladrones finos y elegantes, que nos meten mano con tanta educación y con unos aires tan de gente honrada, que no osa uno llamarles la atención, porque siempre queda la duda de si no serán realmente honrados, porque son tan finas sus maneras...

El caso es que inocente para cualquier español normal significa no solamente el que no hace daño, sino que ni siquiera es capaz de hacerlo. Es paradigmático el caso de Al-Capone: todo el mundo sabía y sabe que en la mafia nadie mueve un dedo, ni menos el que aprieta el gatillo, sin consentimiento del capo, o le vuela la cabeza. Pues vivió y murió judicialmente inocente de los crímenes que se habían cometido por orden suya. No se le pudo "demostrar" nada. Fue condenado por delito fiscal, tan sólo, y fue declarado inocente de los cargos de asesinato.

Por eso, porque para declarar a uno inocente conforme al sentir común, según el uso común de la lengua, hace falta que sea ostentosamente inocente, casi diría manifiesta e inequívocamente inocente, es por lo que el pueblo llano, si no está ante la evidencia de inocencia, presume la culpabilidad. Porque si no se partiese de esa presunción de culpabilidad no habría manera de promover un juicio. Dicho de otra manera: si el pueblo llano, el simple usuario de la lengua sólo tuviera derecho a presumir la culpabilidad de alguien cuando tiene derecho a presumirla el juez, no habría manera de defenderse. Todos los delitos quedarían impunes.

Inocente es "el que no hace daño", más aún "el que es incapaz de hacer daño", "el que no es responsable de un daño". El mundo judicial no puede, por suerte, imponernos su lenguaje contra lo que ven nuestros ojos. Si hasta el mismo Galileo se ha tenido que comer sus palabras (Eppur si muove!), porque sus tecnicismos negaban la evidencia que ven nuestros ojos, y al cabo de 500 años aún seguimos diciendo "el sol sale" y "el sol se pone", porque eso es lo que vemos, ¿cómo nos convencerá un juez con sus tecnicismos de la inocencia del jefe y financiador de unos malhechores convictos y confesos? ¿Cómo nos convencerá de que ese jefe no ha hecho ningún daño, y que por tanto no ha de rendir cuentas de nada?

Y esto es así porque para ser inocente coram pópulo se necesita ser realmente inocente. Mientras que para serlo coram iúdice basta con serlo técnicamente. Pero eso no hará que cambiemos de conciencia y de lenguaje y pidamos perdón al que con los ojos de la cara vemos culpable, porque el juez con sus anteojeras lo haya visto y declarado inocente. Y seguiremos diciendo "el sol sale" y "el sol se pone" mientras el que nuestros ojos ven culpable sigue proclamando su inocencia urbi et orbi. Porque en román paladino, inocente es el que ni ha hecho daño ni es responsable del que otros han hecho.

Mariano Arnal
www.elalmanaque.com

 
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