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jueves, 08 de agosto de 2013

Este verbo procede del latín domus, que es como se llama la casa, o quizá más bien el "dominio". Está claro su parentesco con dóminus (señor) por una parte, y con dwma (dóma), domoV (dómos) y demw (démo) por otra. Yendo de lo simple a lo complejo, dwmaw (domáo) y domew (doméo) significa construir, y dwmo (dóma) o domoV (dómos; obsérvese que hemos llegado ya a dómus) o domh (dóme), casa o construcción. Y, oh fatalidad, cuando pasamos a demw (démo), he aquí que nos tropezamos con el fatídico verbo atar dew(déo), que por sublimación nos llevará a la obligación (dei / déi, es preciso, conviene; y quién sabe si no se produce de ahí el salto a deinoV / deinós = terrible). Sin buscarlo, nos hemos dado la mano con la ancilla ver Mujer 4 en la web).

Si con alguien comparte el hombre unidad de destino y de más cosas, es con los animales domésticos, entendiendo por tales no sólo los que actualmente tenemos en casa, sino todos los animales que el hombre hace vivir fuera de la naturaleza (que antes fue en su propia casa). Más: todos los indicios llevan a deducir que la casa no se inventó para el hombre, sino para los animales en ella encerrados (una apostilla maliciosa, que quizá fue cierta en nuestros orígenes, y que aún no ha cicatrizado del todo, añadiría: "entre ellos, la mujer" ver web, Mujer). En efecto, el hecho de que empleemos habitare (frecuentativo de habere = tener) para designar el lugar donde se vive, y el hecho de que las pécoras (los rebaños) se llamen pecunia, es decir dinero, constituye un indicio razonable de que la casa se inventase para tener, y no para vivir. Y precisamente para la única riqueza que se tenía: los animales domésticos. Es decir que primero se pensó en ellos, en tenerlos encerrados, para no perder el dominio sobre ellos, y luego se fueron adaptando partes del cercado para vivir (habitar) el dóminus y pastor.

Vamos viendo, a través de las palabras y de su interpretación, qué pudo ser la dómus, qué el dóminus y qué la domesticación. No olvidemos, que si bien en latín domésticus es el que vive en la casa, al final acabó significando criado, esclavo, gente del servicio. Y por seguir en el mismo campo, recordemos el significado de la palabra domar, heredada directamente del latín dómo, domáre, con las mismas connotaciones que tiene para nosotros.

Todas estas reflexiones léxicas me abren la puerta por una parte al análisis de las semejanzas entre el hombre y los animales que ayer fueron domésticos y hoy son industriales (como el propio hombre), y por otra al análisis de las condiciones en que quedan, también en comparación con el hombre, los animales que hoy han quedado con el calificativo de domésticos, prácticamente sólo los de compañía. Me interesa analizar en especial como estamos construyendo a ambas clases de animales a nuestra imagen y semejanza en los dos planos diferentes de la explotación y de la compañía. ¡Felices comparativamente los animales domésticos que hemos elegido para que nos hagan compañía!

Mariano Arnal
www.elalmanaque.com

 
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