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domingo, 14 de julio de 2013

Es propio del sexo ser desproporcionado. La naturaleza ha querido que en la escala zoológica a la que pertenecemos, desde el punto de vista sexual (es decir en el diseño completo del sistema reproductor), no valga lo mismo el macho que la hembra, aunque nazcan igual número de machos que de hembras; de manera que a efectos sexuales sobren machos. Y claro, si desde la perspectiva de la hembra sobran machos, desde la perspectiva del macho faltan hembras. A la naturaleza no le ha dado la gana repartir entre el macho y la hembra al 50% ni la anatomía sexual, ni la fisiología que de ella se deriva, mientras que sí ha determinado que en números redondos el grupo esté constituido por un 50% de machos y un 50% de hembras. El que coincidan la proporcionalidad numérica entre machos y hembras con la desproporción sexual, determina que los machos sean sexualmente conflictivos por su empeño en gozar todos ellos de hembra, cuando no es esa la cuenta que se ha echado la naturaleza.

Nuestra civilización ha determinado que sea la pareja la unidad de agrupación sexual. Es decir que las cuentas están hechas sobre la base un macho -una hembra. Eso a pesar de que en nuestra escala zoológica esta forma de agrupación no es la norma, sino en todo caso la excepción. Es evidente que se ha llegado a esta solución salomónica a través de tortuosos vericuetos y a costa de la hembra. Porque al no ser parejos sexualmente macho y hembra, al no estar dividido entre ambos el sexo a partes iguales, como por ejemplo en los hermafroditas, resulta que se produce una igualación forzada en la que el sexo menos inclinado a la repetición del que llamamos "acto sexual", queda sometido al que más dispuesto está a él. Y claro, resulta que como para el macho lo que de entrada llamamos "sexo", (y al acomodarlo al sentir de la mujer llamamos "amor") empieza y termina ahí, es prácticamente imposible que el hombre satisfaga la necesidad de amor de la mujer, y que ésta satisfaga la necesidad de sexo del hombre. Intentan que el punto de encuentro de ambos intereses sea la palabra amor, pero es tan distinto en cada miembro de la pareja su significado, como distinto es su sexo. Es decir muchísimo. Y eso se debe a que el amor es consustancial a la forma de sentir el sexo por parte de la mujer, porque es su especial fisiología sexual la que hace que su inclinación y su actividad "sexual" sea mucho más difusa, y se extienda mucho más allá de lo que se extiende la actividad sexual del hombre. La gran disparidad de la pareja es la que hace tan grandes sus dificultades de funcionamiento.

Hemos de admitir por una parte que ésta es la más brillante de las soluciones que ha arbitrado nuestra civilización. Pero hemos de reconocer que sigue siendo antinatural. Que esas no eran las cuentas de la naturaleza; que en el grupo de especies al que pertenecemos, no está previsto que cada hembra tenga que cargar con un macho. Los grupos son bastante más amplios, y en ellos lo normal es que sobren buena parte de los machos. La naturaleza prefiere ir sobrada, y ha determinado que sean machos lo que sobre en todos los grupos.

Mariano Arnal
www.elalmanaque.com

 
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