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AUTODETERMINACIÓN 2 PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 12 de junio de 2013

Habíamos quedado en que autodeterminación es desde el puro análisis léxico, autodeslindamiento, autoseparación. Visto así, se ve de lo más civilizado. Si dos pueblos se juntaron en un momento de su historia, y en otro momento deciden separarse, no hay objeción alguna. El problema se presenta cuando el principio de autodeterminación se pretende aplicar no a los pueblos, sino a los territorios, haciendo abstracción de que en ellos convivan más de una cultura o más de una etnia, alguna de las cuales no esté por la labor, es decir que no considere una ventaja pasar a ser cultura y etnia sometida o a extinguir en un futuro Estado monocultural, monolingüe y monoétnico.

La autodeterminación tiene, desde esta perspectiva, connotaciones absolutamente distintas, que ya nada tienen que ver con esa decisión honorable e inofensiva. Empezamos por que el primer elemento, auto- ya no es el mismo. En un territorio multicultural y multiétnico, tiene un significado plural, en el que todos los ciudadanos caben por igual con sus respectivas lenguas y culturas. En cambio, en un territorio que se transforma a pasos agigantados en monocultural, monolingüístico y monoétnico, el prefijo auto- tiene un significado absolutamente distinto y nada tranquilizador para los que se consideran con pleno derecho de querer para ellos, lo que otros quieren para sí. Hay ciudadanos en los que el amor a su cultura, a su lengua y a sus raíces es una virtud sublime, mientras en otros ese mismo interés por su lengua materna, por su cultura, por sus raíces, es contemplado como un factor de peligrosidad social, porque atenta contra la unidad nacional. Por ese camino han llegado algunos no tan sólo a la categoría de ciudadanos de segunda, sino a la de proscritos. Se llega ahí a través de una intensa reculturización, naturalmente.

A partir de ese supuesto, el prefijo -de- tampoco tiene el mismo inofensivo y honorable significado. No es lo mismo separar territorios que estaban unidos, que declarar que por un procedimiento o por otro, en el territorio no pueden coexistir distintas culturas, y que es preciso por tanto recurrir a algún tipo de actuación para resolver el problema sobrevenido. Para uno será una progresiva normalización (ver web) a través de un bautismo de inmersión que cambie la mente de las nuevas generaciones hasta alcanzar la unidad cultural y lingüística. Se trata de intentar que todo el mundo quiera, porque será un problemón de mala solución convencer a los que no hayan querido normalizarse por las buenas. De-terminar es en este caso una operación de limpieza puramente ética. Es cuestión de paciencia. Para otro, la limpieza será algo más profunda. Hay que impedir por todos los medios (literalmente todos; es un problema de impaciencia) que los pueblos y culturas que no tienen voluntad de normalizarse del todo, accedan al poder político, porque son un obstáculo intolerable para la unificación nacional. Y otros, por fin, prefieren substituir el prefijo de- por el más expeditivo ex-. A la autodeterminación llegan por la exterminación de las etnias que se han empeñado en querer ser también ellas mismas y además, únicas. Claro que, llegados a este punto, se ha acabado el recorrido.

Mariano Arnal
www.elalmanaque.com

 
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