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Aniversario de la Revolución Bolchevique PDF Imprimir E-Mail
viernes, 07 de noviembre de 2008

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El Partido Comunista Bariloche recuerda el Aniversario de la Revolución Bolchevique, dado que "hace 91 años, los "soviets" rusos (consejos de obreros, campesinos y soldados) tomaban el cielo por asalto. La primera Revolución Socialista triunfante cambiaría la historia del mundo. Su principal dirigente, Vladimir ilich Uliánov, "Lenin", ha dejado un importante legado teórico para quienes siguen luchando para terminar con la explotación del hombre por el hombre. Proponemos rescatar a Lenin del nada casual "olvido" al que intentan someterlo. El trabajo que hoy reproducimos forma parte de uno de los textos "clásicos" de la teoría marxista: el "QUÉ HACER", escrito en el año 1902. Algunos términos utilizados por Lenin tiene hoy otra lectura: los "socialdemócratas" de aquella época eran los revolucionarios. Lenin utiliza el término "tradeunionismo" para referirse al sindicalismo. Fuera de esos pequeños detalles, el texto tiene una absoluta actualidad, por la temática que aborda: la necesidad de diferenciar entre lucha económica y lucha política, la concienca de clase y la necesidad de una herramienta política para la clase obrera". 

La clase obrera, como combatiente de vanguardia por la democracia
(Fuente: V.I. LENIN - "Qué Hacer", 1902. Capítulo III: Política tradeunionista y política socialdemócrata.)
Ya hemos visto que la agitación política más amplia y, por consiguiente, la organización de denuncias políticas en todos los aspectos constituye una tarea en absoluto necesaria, la tarea más imperiosamente necesaria de la actividad, siempre que esta actividad sea verdaderamente socialdemócrata.
Pero hemos llegado a esta conclusión partiendo únicamente de la urgentísima necesidad que la clase obrera tiene de conocimientos políticos y de educación política. Ahora bien, esta manera de plantear la cuestión sería demasiado restringida, desconocería las tareas democráticas generales de toda socialdemocracia en general y de la socialdemocracia rusa actual en particular.
Para explicar esta tesis lo más concretamente posible, trataremos de enfocar la cuestión desde el punto de vista más "familiar" a los economistas, o sea desde el punto de vista práctico. "Todo el mundo está de acuerdo" en que es necesario desarrollar la conciencia política de la clase obrera. Pero ¿cómo hacerlo y qué es necesario para hacerlo?
La lucha económica "hace pensar" a los obreros únicamente en las cuestiones concernientes a la actitud del gobierno hacia la clase obrera; por eso, por más que nos esforcemos en la tarea de "imprimir a la lucha económica misma un carácter político", no podremos jamás, en el marco de dicha tarea, desarrollar la conciencia política de los obreros (hasta el grado de conciencia política socialdemócrata), pues el marco mismo es demasiado estrecho.
La fórmula de Martínov nos es preciosa, no como prueba de la capacidad de confusión de su autor, sino porque expresa con relieve el error fundamental de todos los economistas, a saber: la convicción de que se puede desarrollar la conciencia política de clase de los obreros desde dentro, por decirlo así, de su lucha económica, o sea tomando únicamente (o, cuando menos, principalmente) esta lucha como punto de partida, basándose únicamente (o, cuando menos, principalmente) en esta lucha. Esta opinión es radicalmente falsa; y precisamente porque los economistas, furiosos por nuestra polémica con ellos, no quieren reflexionar con seriedad sobre el origen de nuestras discrepancias, y acabamos literalmente por no comprendernos, por hablar lenguas diferentes.
La conciencia política de clase no se le puede aportar al obrero más que desde el exterior, esto es, desde fuera de la lucha económica, desde fuera de la esfera de las relaciones entre obreros y patronos.
La única esfera en que se puede encontrar estos conocimientos es la esfera de las relaciones de todas las clases y capas con el Estado y el gobierno, la esfera de las relaciones de todas las clases entre sí. Por eso, a la pregunta: "¿qué hacer para aportar a los obreros conocimientos políticos?", no se puede dar únicamente la respuesta con la que se contentan, en la mayoría de los casos, los militantes dedicados al trabajo práctico, sin hablar ya de los que se inclinan hacia el economismo, a saber: "Hay que ir a los obreros" Para aportar a los obreros conocimientos políticos, los socialdemócratas deben ir a todas las clases de la población, deben enviar a todas partes destacamentos de su ejército.
Si empleamos adrede esta formulación ruda y nos expresamos adrede de una forma simplificada y tajante, no es de ninguna manera por el placer de decir paradojas, sino para "hacer pensar" bien a los economistas en las tareas que de un modo imperdonable desdeñan, en la diferencia que existe entre la política tradeunionista y la política socialdemócrata, diferencia que no quieren comprender. Por eso, rogamos al lector que conserve su calma y nos siga atentamente hasta el final.
Tomemos como ejemplo el tipo del círculo socialdemócrata más difundido en estos últimos años y examinemos su actividad. "Está en contacto con los obreros" y se conforma con esto, editando hojas que flagelan los abusos que se cometen en las fábricas, la parcialidad del gobierno hacia los capitalistas, así como las violencias de la policía; en las reuniones que se celebran con los obreros, la conversación, ordinariamente, no se sale o casi no se sale del marco de estos mismos temas; las conferencias y las charlas sobre la historia del movimiento revolucionario, sobre la política interior y exterior de nuestro gobierno, sobre la evolución económica de Rusia y de Europa, sobre la situación de las distintas clases en la sociedad contemporánea, etc., son casos sumamente raros y nadie piensa en establecer y desenvolver sistemáticamente relaciones con las otras clases de la sociedad.
En el fondo, el ideal del militante, para los miembros de un tal círculo, se parece, en la mayoría de los casos, mucho más a un secretario de tradeunión que a un jefe político socialista. Pues el secretario de cualquier tradeunión, por ejemplo, inglesa, ayuda siempre a los obreros a sostener la lucha económica, organiza la denuncia de los abusos cometidos en las fábricas, explica la injusticia de las leyes y reglamentos que restringen la libertad de huelga y la libertad de colocar piquetes cerca de las fábricas (para anunciar que la huelga ha sido declarada), explica la parcialidad de los árbitros pertenecientes a las clases burguesas de la población, etc., etc. En una palabra, todo secretario de tradeunión sostiene y ayuda a sostener "la lucha económica contra los patronos y el gobierno".
Y nunca se insistirá bastante en que esto no es aún socialdemocratismo, que el ideal del socialdemócrata no debe ser el secretario de tradeunión, sino el tribuno popular, que sabe reaccionar contra toda manifestación de arbitrariedad y de opresión, dondequiera que se produzca y cualquiera que sea la capa o la clase social a que afecte; que sabe sintetizar todos estos hechos para trazar un cuadro de conjunto de la brutalidad policíaca y de la explotación capitalista; que sabe aprovechar el menor detalle para exponer ante todos sus convicciones socialistas y sus reivindicaciones democráticas, para explicar a todos y a cada uno la importancia histórico-mundial de la lucha emancipadora del proletariado.
Comparad, por ejemplo, a hombres como Roberto Knight (conocido secretario y lider de la Unión de obreros caldereros, uno de los más poderosos sindicatos de Inglaterra) y Guillermo Liebknecht, y apliquémosles los contrastes enumerados por Martínov en la exposición de sus discrepancias con Iskra. Veréis que R. Knight - empiezo a repasar el artículo de Martínov - "ha exhortado" mucho más "a las masas a realizar acciones concretas determinadas" (pág. 39) y que G. Liebknecht se ha ocupado más de "enfocar desde un punto de vista revolucionario todo el régimen actual o sus manifestaciones aisladas" (págs. 38-39); que R. Knight "ha formulado las reivindicaciones inmediatas del proletariado e indicado los medios de satisfacerlas" (pág. 41) y que G. Liebknecht, sin dejar de hacer igualmente esto, no ha renunciado a "dirigir al mismo tiempo la enérgica actividad de los diferentes sectores oposicionistas", a "dictarles un programa positivo de acción"* (pág. 41); que R. Knight ha tratado precisamente de "imprimir, en la medida de lo posible, a la lucha económica misma un carácter político" (pág. 42) y que ha sabido perfectamente "formular al gobierno reivindicaciones concretas que prometian ciertos resultados tangibles" (pág. 43), en tanto que G. Liebknecht se ha ocupado mucho más, "en forma unilateral", de "denunciar los abusos" (pág. 40); que R. Knight ha concedido más importancia a la "marcha progresiva de la lucha cotidiana y gris" (pág. 61), y Liebknecht, "a la propaganda de ideas brillantes y acabadas" (pág. 61); que Liebknecht ha hecho del periódico dirigido por él, precisamente, "un órgano de oposición revolucionaria que denuncia nuestro régimen, y sobre todo nuestro régimen político, en cuanto que está en pugna con los intereses de las capas más diversas de la población" (pág. 63), mientras que Knight "ha trabajado por la causa obrera en estrecho contacto orgánico con la lucha proletaria" (pág. 63) - si se entiende por "estrecho contacto orgánico" ese culto de la espontaneidad que hemos analizado más arriba en los ejemplos de Krichevski y de Martínov - y ha "restringido la esfera de su influencia", convencido, naturalmente, como Martínov, de que "con ello se hacia más compleja esta influencia" (pág. 63). En una palabra, veréis que Martínov rebaja de facto la socialdemocracia al nivel de tradeunionismo, aunque, claro está, en modo alguno lo hace porque no quiera el bien de la socialdemocracia, sino simplemente porque se ha apresurado un poco a profundizar a Plejánov, en lugar de tomarse la molestia de comprenderlo.
Pero volvamos a nuestra exposición. El socialdemócrata, como hemos dicho, si es partidario, y no sólo de palabra, del desarrollo integral de la conciencia política del proletariado, debe "ir a todas las clases de la población". Surgen estas preguntas: ¿cómo hacerlo? ¿Tenemos fuerzas suficientes para ello? ¿Existe un terreno para este trabajo en todas las demás clases? Un trabajo semejante ¿no implicará abandono o no conducirá a que se abandone el punto de vista de clase? Examinemos estas cuestiones.
Debemos "ir a todas las clases de la población" como teóricos, como propagandistas, como agitadores y como organizadores. Nadie duda de que el trabajo teórico de los socialdemócratas debe orientarse hacia el estudio de todas las particularidades de la situación social y política de las diversas clases. Pero muy, muy poco se hace en este sentido, muy poco si se compara con la labor que se lleva a cabo para el estudio de las particularidades de la vida de las fábricas.
En los comités y en los círculos podemos encontrar gentes que se especializan en el estudio de algún ramo de la siderurgia, pero apenas si encontraréis ejemplos de miembros de las organizaciones que (obligados por una u otra razón, como sucede a menudo, a retirarse de la labor práctica) se ocupen especialmente de reunir materiales sobre alguna cuestión de actualidad de nuestra vida social y política que pudiera dar motivo para una labor socialdemócrata entre los otros sectores de la población.
Cuando se habla de la poca preparación de la mayor parte de los actuales dirigentes del movimiento obrero, no se puede dejar de mencionar también la preparación en este aspecto, pues está igualmente ligada a la concepción "economista" del "estrecho contacto orgánico con la lucha proletaria".
Pero lo principal, evidentemente, es la propaganda y la agitación entre todas las capas de la población. Para el socialdemócrata de Europa occidental, esta labor la facilitan las reuniones y asambleas populares, a las cuales asisten todos los que lo desean; la facilita la existencia del Parlamento, en el que el representante socialdemócrata habla ante los diputados de todas las clases. En nuestro país no tenemos ni Parlamento ni libertad de reunión, pero sabemos, sin embargo, organizar reuniones con los obreros que quieren escuchar a un socialdemócrata. Del mismo modo, debemos saber organizar reuniones con los representantes de todas las clases de la población que deseen escuchar a un demócrata. Pues no es socialdemócrata el que olvida en la práctica que "los comunistas apoyan todo movimiento revolucionario"; que, por tanto, debemos exponer y subrayar nuestros objetivos democráticos generales ante todo el pueblo, sin ocultar ni por un instante nuestras convicciones socialistas. No es socialdemócrata el que olvida en la práctica que su deber consiste en ser el primero en plantear, en acentuar y en resolver toda cuestión democrática general.
"¡Pero si todo el mundo está de acuerdo con ello!" - nos interrumpirá el lector impaciente -, y las nuevas instrucciones a la redacción de Rabócheie.Dielo, aprobadas en el último Congreso de la "Unión", dicen claramente: "Deben servir de motivos para la propaganda y la agitación política todos los fenómenos y acontecimientos de la vida social y política que afecten al proletariado, sea directamente, como clase especial, sea como vanguardia de todas las fuerzas revolucionarias en la lucha por la libertad " (Dos congresos, pág. 17. Subrayado por mí). Estas son, en efecto, palabras muy justas y muy excelentes, y estaríamos enteramente satisfechos si Rabócheie Dielo las comprendiese, si no diese, al mismo tiempo, otras que las contradicen.
No basta titularse "vanguardia", destacamento avanzado: es preciso también obrar de suerte que todos los demás destacamentos vean y estén obligados a reconocer que marchamos a la cabeza. ¿Es que los representantes de los demás "destacamentos" son tan estúpidos que van a creernos "vanguardia" porque lo digamos?, preguntamos al lector. Figurémonos de manera concreta el siguiente cuadro.
El "destacamento" de radicales o de constitucionalistas liberales rusos ilustrados ve llegar a un socialdemócrata que les declara: Somos la vanguardia; "ahora nuestra tarea consiste en imprimir, en la medida de lo posible, un carácter político a la lucha económica misma". Todo radical o constitucionalista, por poco inteligente que sea (y entre los radicales y constitucionalistas rusos hay muchos hombres inteligentes), no podrá por menos de acoger con una sonrisa semejantes palabras y decir (para sus adentros, claro está, ya que en la mayoría de los casos es diplomático experimentado): "¡He aquí una 'vanguardia' bien simple! No comprende siquiera que es a nosotros, representantes avanzados de la democracia burguesa, a quienes corresponde la tarea de imprimir a la lucha económica misma de los obreros un carácter político. Somos nosotros quienes queremos, como todos los burgueses del Occidente de Europa, incorporar a los obreros a la política, pero precisamente sólo a la política tradeunionista y no a la política socialdemócrata. La política tradeunionista de la clase obrera es precisamente la política burguesa de la clase obrera. ¡Y la formulación que esta 'vanguardia' hace de su tarea es precisamente la formulación de la política tradeunionista! Así, pues, que se llamen cuanto quieran socialdemócratas. ¡Yo no soy un niño, no voy a enfadarme por una etiqueta! Pero que no se dejen llevar por esos nefastos dogmáticos ortodoxos, ¡que dejen la 'libertad de crítica' a los que arrastran inconscientemente a la socialdemocracia al cauce tradeunionista!"
Y la ligera sonrisa de nuestro constitucionalista se transformará en risa homérica, cuando sepa que los socialdemócratas que hablan de la vanguardia de la socialdemocracia, en el momento actual, cuando el elemento espontáneo prevalece casi absolutamente en nuestro movimiento, ¡temen más que nada "aminorar el elemento espontáneo", temen "aminorar la importancia de la marcha progresiva de la lucha cotidiana y gris a expensas de la propaganda de ideas brillantes y acabadas", etc., etc.! ¡Una "vanguardia" que teme que lo consciente prevalezca sobre lo espontáneo, que teme propugnar un "plan" audaz que tenga que ser aceptado incluso por aquellos que piensan de otro modo! ¿No será que confunden el término vanguardia con el término retaguardia?
Reflexionad, en efecto, sobre el siguiente razonamiento de Martínov. En la página 40 declara que la táctica de denuncias de Iskra es unilateral; que, "por más que sembremos la desconfianza y el odio hacia el gobierno, no alcanzaremos nuestro objetivo mientras no logremos desarrollar una energía social suficientemente activa para el derrocamiento de aquél". He aquí, dicho sea entre paréntesis, la preocupación, que ya conocemos, de intensificar la actividad de las masas, tendiendo a la vez a restringir la suya propia. Pero no se trata ahora de esto. Como vemos, Martínov habla aquí de energía revolucionaria ("para el derrocamiento del gobierno") Mas ¿a qué conclusión llega? Como, en tiempo ordinario, las diversas capas sociales actúan inevitablemente en forma dispersa, "es claro, por tanto, que nosotros, socialdemócratas, no podemos simultáneamente dirigir la actividad enérgica de los diversos sectores de oposición, no podemos dictarles un programa positivo de acción, no podemos indicarles los procedimientos con que hay que luchar día tras día por defender sus intereses... Los sectores liberales se preocuparán ellos mismos de esta lucha activa por sus intereses inmediatos, lucha que les hará enfrentarse con nuestro régimen político" (pág. 41). De esta suerte, después de haber comenzado a hablar de energía revolucionaria, de lucha activa por el derrocamiento de la autocracia, ¡Martínov se desvía inmediatamente hacia la energía sindical, hacia la lucha activa por los intereses inmediatos! De suyo se comprende que no podemos dirigir la lucha de los estudiantes, de los liberales, etc., por sus "intereses inmediatos", ¡pero no era de esto de lo que se trataba, respetable economista! De lo que se trataba era de la participación posible y necesaria de las diferentes capas sociales en el derrocamiento de la autocracia, y esta "actividad enérgica de los diversos sectores de oposición" no sólo podemos, sino que debemos dirigirla sin falta si queremos ser la "vanguardia".
En cuanto a que nuestros estudiantes, nuestros liberales, etc. "se enfrenten con nuestro régimen político", no sólo se preocuparán ellos mismos de esto, sino que principalmente y ante todo se preocuparán la propia policía y los propios funcionarios del gobierno autocrático. Pero "nosotros", si queremos ser demócratas avanzados, debemos preocuparnos de sugerir a los que no están descontentos más que del régimen universitario o del zemstvo, etc., la idea de que es todo el régimen político el que es malo.
Nosotros debemos asumir la tarea de organizar la lucha política, bajo la dirección de nuestro Partido, en forma tan múltiple, que todos los sectores de la oposición puedan prestar y presten efectivamente a esta lucha, así como a nuestro Partido, la ayuda de que sean capaces. Nosotros debemos hacer de los militantes prácticos socialdemócratas jefes políticos que sepan dirigir todas las manifestaciones de esta lucha múltiple, que sepan, en el momento necesario, "dictar un programa positivo de acción" a los estudiantes en agitación, a los descontentos de los zemstvos, a los miembros indignados de las sectas, a los maestros lesionados en sus intereses, etc., etc. Por eso, es completamente falsa la afirmación de Martínov de que "no podemos desempenar con respecto a ellos más que el papel negativo de denunciadores del régimen...
Sólo podemos disipar sus esperanzas en las distintas comisiones gubernamentales" (subrayado por mí). Al decir esto, Martínov demuestra así que no comprende absolutamente nada del verdadero papel de una "vanguardia" revolucionaria. Y si el lector tiene esto en cuenta, comprenderá el verdadero sentido de las siguientes palabras de conclusión de Martínov: "Iskra es un órgano de oposición revolucionaria que denuncia nuestro régimen, y sobre todo nuestro régimen político, en cuanto que está en pugna con los intereses de los sectores más diversos de la población. Por lo que a nosotros se refiere, trabajamos y trabajaremos por la causa obrera en estrecho contacto orgánico con la lucha proletaria. Al restringir la esfera de nuestra influencia, hacemos más compleja ésta" (pág. 63). El vertadero sentido de tal conclusión es: Iskra quiere elevar la política tradeunionista de la clase obrera (política a la cual, por equivocación, por falta de preparación o por convicción, se limitan tan frecuentemente entre nosotros los militantes dedicados al trabajo práctico) al nivel de la política socialdemócrata; en cambio Rabócheie Dielo quiere rebajar la política socialdemócrata al nivel de la política tradeunionista. Y, como si esto fuera poco, asegura a todo el mundo que "estas dos posiciones son perfectamente compatibles en la obra común" (pág. 63). O, sancta simplicitas!
Prosigamos. ¿Tenemos fuerzas bastantes para llevar nuestra propaganda y nuestra agitación a todas las clases de la población? Naturalmente, sí. Nuestros economistas, que a menudo se inclinan a negarlo, olvidan los gigantescos progresos realizados por nuestro movimiento de 1894 (más o menos) a 1901. "Seguidistas" auténticos, a menudo tienen ideas propias del período, hace mucho tiempo fenecido, inicial del movimiento. Entonces, nuestras fuerzas eran realmente mínimas, entonces era natural y legítima la decisión de consagrarnos enteramente al trabajo entre los obreros y de condenar severamente toda desviación de esta línea, entonces la tarea estribaba por completo en consolidarnos en el seno de la clase obrera. Ahora, ha sido incorporada al movimiento una masa gigantesca de fuerzas; hacia nosotros vienen los mejores representantes de la nueva generación de las clases instruidas; por todas partes, en provincias, se ven obligadas a la inacción gentes que ya han tomado o desean tomar parte en el movimiento, que tienden hacia la socialdemocracia (mientras que, en 1894, los socialdemócratas rusos se podían contar con los dedos). Uno de los defectos fundamentales de nuestro movimiento, tanto desde el punto de vista político como desde el de organización, consiste en que no sabemos emplear todas estas fuerzas, asignarles el trabajo adecuado (hablaremos con más detalle sobre esta cuestión en el capítulo siguiente). La inmensa mayoría de dichas fuerzas está completamente privada de la posibilidad de "ir a los obreros"; por consiguiente, no puede ni hablarse del peligro de distraer fuerzas de nuestra labor fundamental. Y para suministrar a los obreros conocimientos políticos verdaderos, vivos, que abarquen todos los aspectos, es necesario que tengamos "hombres nuestros", socialdemócratas, en todas partes, en todas las capas sociales, en todas las posiciones que permiten conocer los resortes internos de nuestro mecanismo estatal. Y nos hacen falta estos hombres no solamente para la propaganda y la agitación, sino más aún para la organización.
¿Existe terreno para la actividad en todas las clases de la población? Los que no lo ven prueban una vez más que su conciencia está en retraso con respecto al movimiento ascensional espontáneo de las masas. Entre los unos, el movimiento obrero ha suscitado y suscita el descontento; entre los otros despierta la esperanza en el apoyo de la oposición; a otros les da conciencia de la sinrazón del régimen autocrático, de lo inevitable de su hundimiento. Pero sólo de palabra seríamos "políticos" y socialdemócratas (como muy a menudo ocurre, en efecto), si no tuviéramos conciencia de nuestro deber de utilizar todas las manifestaciones del descontento, reunir y elaborar todos los elementos de protesta, por embrionaria que sea. Dejemos ya a un lado el hecho de que la masa de millones de campesinos laboriosos, de artesanos, de pequeños artesanos, etc., escuchará siempre con avidez la propaganda de un socialdemócrata, a poco hábil que sea. Pero, ¿es que hay una sola clase de la población en que no haya individuos, grupos y círculos descontentos de la falta de derechos y de la arbitrariedad, y, por consiguiente, accesibles a la propaganda del socialdemócrata, como portavoz que es de las aspiraciones democráticas generales más urgentes? A los que quieran formarse una idea concreta de esta agitación política del socialdemócrata en todas las clases y capas de la población, les indicaremos la denuncia de los abusos políticos, en el sentido amplio de la palabra, como el principal (pero, naturalmente, no el único) medio de esta agitación.
Debemos - escribía yo en el artículo "¿Por dónde empezar?" (Iskra, núm. 4, mayo de 1901), del que tendremos que hablar minuciosamente más abajo - despertar en todas las capas del pueblo que tengan un mínimo de conciencia la pasión por las denuncias políticas.
No debe asustarnos el hecho de que las voces que denuncian políticamente sean ahora tan débiles, raras y tlmidas. La razón de este hecho no es, ni mucho menos, una resignación general con la arbitrariedad policíaca. La razón está en que las personas capaces de denunciar y dispuestas a hacerlo no tienen una tribuna para hablar desde ella, no tienen un auditorio que escuche ávidamente y anime a los oradores, no ven por parte alguna en el pueblo una fuerza que merezca la pena de dirigirle una queja contra el "todopoderoso" gobierno ruso...
Ahora, podemos y debemos crear una tribuna para denunciar ante todo el pueblo al gobierno zarista: esa tribuna tiene que ser un periódico socialdemócrata"

 

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