“Haiku, Crímenes de Lesa Literariedad, y…” por Juan Pablo Melizza
jueves, 11 de septiembre de 2008

El haiku es un género poético japonés del que Occidente, u Oxidente, disfrutó y abusó; también son válidas las conjugaciones en tiempo presente. Para eso estamos pareciera, para esto de disfrutar y sobre todo abusar. “Entender jamás. Descalificar siempre”, podría ser el título de una epopeya cinematográfica con una vida útil de cinco minutos contando desde ahora.

Entre otros detalles técnicos el haiku lleva 17 sílabas (una más o una menos tal vez no merezca pena consagratoria en el Cadalso) y, tradicionalmente, sólo se preocupa por dar cuenta de un instante.

Hay una onda bastante profunda de budismo zen.

Apología de la brevedad y de la belleza efímera, hija descalza de la corrupción del tiempo anidando en la contemplación, jamás en la melancolía, anidando en el silencio, no en una tristeza callada necesariamente…

El haiku, desde Basho, el gran poeta oriental que le dio un impulso refrescante hace unos cuantos años, en Occidente, u Oxidente, tiene muchos artistas notables, entre los que, por “caprichoso sorteo”, para nombrar nomás, elegiremos a Octavio Paz, escritor mexicano que ha traducido directo del japonés varios haiku, estos poemas breves que dicen mucho sin decir demasiado. A continuación, algunos Crímenes de Lesa Literariedad, cosas que pasan, y que no son culpa ni de Basho, ni de Dogen, ni de Moritake, ni de Paz, ni de aquel que siga leyendo este texto.

 

Agua.
La hoja más tierna del bosque
acaba de crujir.


Claveles de hielo
interrumpen el rojo de las llamas.


Qué le sucede al árbol
que sus dedos tocan la tierra.


Acabará la fiesta;
mientras dura, Dios también existe.

Y algo más:
El haiku bien puede considerarse la quintaesencia de la poesía japonesa.. En el haiku las palabras interrumpen la ligereza del tiempo y llaman al recogimiento, a la celebración del instante irrepetible, la gota de agua que no regresará del estanque, los resplandores de la luna, un arco iris ardiendo suave, durante un atardecer de luces que se refugian en el recuerdo, el vuelo de una mariposa que se confunde con una flor, el rocío y su caricia delicada que nos anuncia un estremecimiento en los pétalos de otra flor, la figura de una nube que se disuelve silenciosa en una noche de constelaciones brillantes.

 

 

 

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