"Sobre el sentido literario de la intimidad" por Juan Pablo Melizza
martes, 26 de agosto de 2008

En ámbitos reducidos, pero reales, se discute muchas veces acerca de si ciertos escritos, de autores reconocidos, merecen ser publicados y considerados literatura una vez que éstos fallecieron.

La correspondencia particular de Raymond Chandler con varias personas ¿Tuvo que ser publicada, necesariamente, para que viéramos la incesante soledad nocturna del creador de Philip Marlowe, aquel escritor sencillo compañero de su esposa convaleciente? El desgarrador texto de Alejandra Pizarnik escrito en la sala de Psicopatología del Hospital Pirovano ¿Es literatura? ¿Hasta qué punto los académicos, y los lectores, tenemos derecho a conocer las intimidades de una desesperación incontenible dicha de un modo tan desolador y perturbador? Y la carta que Franz Kafka escribió a su padre ¿Nos hace falta...? Podemos decir que sí, que leer tales textos nos construye una imagen más acertada de las particularidades de algunos escritores y escritoras. Hay un blog que difunde los diarios personales de George Orwell, autor de "1984" y "Rebelión en la Granja". Se van a escribir ensayos al respecto; es más, está escribiéndose este artículo absurdo y breve, parasitando una intimidad revelada sin consentimiento de la persona vulnerada así como así. El negocio de los académicos es fruncir el entrecejo y hablar para discípulos preferentemente obedientes. Tal vez eso no sea suficiente para justificar que los diarios íntimos de ciertos escritores y escritoras estén al servicio de derechos de reproducción, oh dulce industria editorial, que no contemplan sus voluntades porque...estas cosas se publican cuando las personas en cuestión están muertas.

Muchas veces, entre literatura e intimidad hay una línea demasiado fina, invisible, que algunos autores bordean de manera confusa. ¿Será esta situación argumento suficiente para publicar cualquier cosa que un autor haya escrito, una vez que su muerte nos impide preguntarle si está de acuerdo o no?

El caso particular de Kafka merece un párrafo aparte, pues la mayoría de la obra literaria del llamado Genio de Praga fue publicada, póstumamente, por su amigo y testamentario Max Brod, quien tuvo motivos especiales para desatender el pedido kafkiano de destrucción de la obra inédita, razones vinculadas a una conversación sostenida entre ambos poco antes que falleciera el escritor checo. ¿Qué razones...? Bueno, más que un párrafo, merecen un artículo aparte.

La discusión está, para quien le interese.

 

 

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