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El batallón 601 es un ícono de las páginas más horrorosas de la historia argentina. Desde allí se organizó la “inteligencia” al servicio de la desaparición, tortura y muerte de ciudadanos, el robo de niños y el ocultamiento de sus identidades. Desde allí el Estado Nacional extendió como un pulpo sus brazos del terror en todo el país, y para lograrlo contó con el servicio obediente de civiles y militares sin cuya participación esta perversa tarea hubiera sido imposible.
Con la vuelta a la democracia estos personajes desconocidos de la historia, amparados por el secreto, siguieron actuando camuflados entre los ciudadanos comunes que trabajamos para reconstruir el país y consolidar la democracia, siempre bastardeada por los agoreros de su fracaso. Entre estos seres oscuros encontramos a un tal Rodolfo Florido, autodenominado periodista, quien con su discurso progresista y sus propuestas en defensa de las instituciones nos convenció a un grupo de Concejales Municipales de que le diéramos un espacio como funcionario de la democracia. Luego nos enteramos de su trayectoria del todo incompatible con el cargo que detentó y con el pensamiento de quienes lo votamos. Ahora sabemos que fue “asesor universitario” cuando en nuestro país las universidades eran el escenario elegido para identificar estudiantes y profesores que engrosarían las listas de los desaparecidos, torturados y muertos. También conocemos ahora otros nombres de supuestos buenos vecinos que actuaron en espacios privilegiados de la democracia habiendo ocultado su desempeño como partícipes necesarios del terror. ¿Cuáles eran sus tareas? ¿En qué eslabón de la cadena de la represión se ubicaron? Es necesario recordarles a estos seres que eligieron formar parte del perverso Estado de la dictadura que la democracia no los albergará como funcionarios, ni como militantes políticos, ni como periodistas o comunicadores sociales. El único lugar que imaginamos para ellos es el de los juzgados donde concurrirán a declarar lo que saben para contribuir a nuestra memoria, a la verdad, al juzgamiento y al castigo. Aunque se mezclen entre nosotros, aunque seamos objeto de engaño en su perverso juego ideológico, los argentinos no olvidamos porque sólo así lograremos construir un futuro en el que el pasado no se repita. Lic. Arabela Carreras Concejal Municipal
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